Caratula libro: Mil vidas antes de morir de Ximena Martínez León

Más que un libro un testimonio de vida de Ximena Martínez León

Por: Carlos Villota Santacruz. *

En la mañana del 18 de marzo de 2022, Ximena Martínez León se despierta. Eleva una oración a Dios en favor de su Hija Nicole, sus Nietas Alana y  Emma. Sus padres Norberto y Nury. Sus hermanos Elvira, Adriana y Norberto. Han pasado dos años desde la llegada de la pandemia a Colombia en la tercera semana del mes de marzo de 2020. Una emergencia sanitaria que le obligó a cambiar la rutina diaria.  A valorar las pequeñas cosas de la vida, al igual que el trabajo de los profesionales de la medicina y al sacrificio del conjunto de los ciudadanos que, a base de disciplina, determinación y moral de victoria, hicieron frente a la expansión del virus. Piensa mirando las montañas de la Sabana Norte que «lo más duro ha pasado, lo más difícil ha quedado atrás. «Veo mucho más que la luz al final del túnel. Lo que estoy viviendo es el final del túnel», dice

Lo dijo como ciudadana y psicóloga  sistemática. Lo evidente, es que el virus no ha desaparecido y la emergencia sanitaria continúa. Desde el interior de mí ser de mujer «vital» con 52 años,  considero  que seguir cumpliendo las indicaciones de las autoridades sanitarias como el lavado de manos, el distanciamiento social y el uso de tapabocas es trascendental. «La consigna, en consecuencia, es una: no actuar con miedo, pero sí con una extremada prudencia y responsabilidad».

Esta reflexión la hace como paciente poscovid-19. Es decir, vi llegar el “tsunami del virus chino hasta la puerta de mi casa. Me contagié. Supe en carne propia que fue padecerlo y escribo este libro «Mil vidas antes de morir” como testimonio de una generación que se enfrentó a un enemigo silencioso. En unos casos perdió la batalla. En otros triunfó. El país sigue en fase de vacunación de tercera dosis.

Un hecho que desde la investigación se traduce en el control de los posibles rebrotes por parte del Gobierno del presidente Iván Duque. Colocar fin a este escenario de incertidumbre seguirá dependiendo de la cautela individual y colectiva. De las administraciones territoriales (Gobernaciones y Alcaldías) por equilibrar el deseo de recuperar la normalidad y la precaución para evitar las recaídas.

En el tramo final de la desescalada aún será necesario mantener algunas restricciones en la actividad económica y limitaciones en la movilidad y las reuniones para evitar la transmisión del virus.

Para quienes comienzan a leer este artículo, les puedo asegurar que el estado de alarma es «pura y llanamente» un asunto de salud pública que está por encima de los intereses partidistas y no tiene que ver con cuestiones de transferencias, financiación o promulgación de leyes. La salud pública es lo primero porque sin ella no hay nada más, y el estado de alarma es quien lo garantiza».

Mientras conversa con este interlocutor, la sicóloga sistémica Ximena Martínez León escucha en la televisión que entre los sectores de la economía que irán recuperando su actividad de manera paulatina, serán la hotelería y el turismo por su papel fundamental en el futuro de está Colombia que amo y que llevo en el corazón. Hoy, mantengo el optimismo, que bajo la normalidad podré disfrutar de Cartagena, Bogotá, la Isla Providencia, el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, el Carnaval de Barranquilla y el Festival de Cometas en Villa de Leyva, en el departamento de Boyacá. «Habrá temporada para ver a mi país con otros ojos», añade.

Como dice su hija Nicol. “Se vale soñar”. Ni Ximema Martínez León, ni nadie nos podíamos imaginar tres años atrás, el que tuviéramos que sufrir una pandemia que es la peor crisis sanitaria que ha sufrido la “tierra del realismo mágico” y también la humanidad en los últimos cien años. Creo que, cuando ocurren este tipo de crisis, hay que volver a los fundamentos de la sicología sistemática. “El pensamiento sistemático es la aptitud del ser humano, que se basa en la percepción del mundo real, en términos de totalidades para su análisis. Comprensión y accionar, a diferencias del planteamiento del método científico que solo percibe, partes de este, y de manera, inconexa”

Por más de 24 meses nos hemos enfrentado a un virus desconocido, no solamente para el político o para el ciudadano en general, sino también para la propia ciencia. Que decir, para una sicóloga como yo. Hay que ser consciente de las limitaciones que tiene la ciencia y reafirmar un compromiso con la defensa de la salud pública y también de las empresas y del empleo. “Estamos inmersos en un problema de salud pública, desde mi experiencia profesional, considero que la emergencia sanitaria nos lleva a plantear un reformulamiento global en el paradigma intelectual para entender mejor el mundo que nos rodea. Sugiere normalmente el paradigma de la sistémica”, afirma.

Repasando la historia de esta ciencia del conocimiento, el pensamiento sistémico aparece formalmente 45 años atrás, a partir del cuestionamiento que desde el campo de la biología formuló el Sicólogo sistémico Luwing Von Bertalanffy, quién cuestionó la aplicación del método científico de los problemas de la biología; “debido a que este se basaba en una visión metanicista y casual que lo hacía débil como esquema para la explicación de los grandes problemas en los sistemas vivos”

Recuerdo aquellas conversaciones con mis padres cuando hablamos de la posibilidad de saber o conocer que era un terremoto o cualquier fenómeno natural. Pero jamás pensamos, en aquellos diálogos a la luz de las velas o escuchando música clásica que llegará una enfermedad llamada coronavirus. -precisa- “Por ejemplo, algo que viene a mi mente, es el cumpleaños de mi papá. Toda la familia se sentó al comedor de manera presencial y virtual por primera vez. Nadie sabía en casa  que era virus. Su agresividad y lo destructivo que era en el cuerpo humano. Me sentía extraña. Me sentía que no estaba en el planeta tierra. Era una alucinación. Una especie de escena de un libro de Julio Verne. Todo bajo un cumulo de sensaciones de tristeza e impotencia. Lo que nos juntó en ese momento fue nuestro amor, nuestros valores, nuestros principios y ese motor llamado vida”.

Mi madre Nury -a quién adoro- dijo “de que vale tener dinero, si uno no puede comerse algo tan simple como un helado o disfrutar con la familia un almuerzo. La comunicación se concentraba a través de la pantalla de un celular. Ahora que esa escena vuelve a mi mente, agradezco a Dios, el estar viva; junto a lo que más amo que es mi familia”.

Corría la última semana del mes de marzo de 2020, cuando el Gobierno colombiano presentó un plan de fortalecimiento en el sistema de salud y en el campo económico con el que esperaba atenuar la dura crisis generada por la pandemia.

El denominado ‘El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía fue inspirado en la Agenda del Cambio, en la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Pensé entonces, que esta iniciativa    movilizaría en los próximos  años el 50% de los recursos con los que cuenta el país, gracias al instrumento de orden jurídico nacional e internacional, en favor de un retorno a la normalidad de manera paulatina.

Las “seis transformaciones que el Gobierno situó desde el principio en el centro de la estrategia fueron la política de salud, económica: la transición ecológica, la transformación digital, la igualdad de género y la cohesión social y territorial”.

Como sicóloga, sabía que la humanidad estaba en presencia de   un cambio de época. Con el paso de las manecillas del reloj  -nadie lo duda ahora- que la pandemia llegó para quedarse por años. Así lo demuestran los estudios científicos que dan cuenta de sus mutaciones: entre ellas el Omicrom, recalca tomándose una tasa de café. Desde el campo de su profesión, lo que ocurría una especie de holismo (del griego holos) que quiere decir entero.

En otras palabras, es una realidad que concibe el observador que aplica esta disciplina. Es aquí donde  aparece una relación muy estrecha entre lo que se vivía en ese momento bajo emergencia sanitaria y lo que sentía como mujer. Que decir a nivel colectivo. Donde la realidad superaba cualquier emergencia sanitaria conocida en lo que va corrido del siglo XXI.

Lo que parecía lejano -el virus—estaba entre nosotros- Al punto que nos aisló a un grado que rompió todo pronóstico. Que hizo que la muerte de las personas remplazará las estadísticas de la economía. Un mundo real e irreal de acuerdo a la perspectiva de cada persona.  “Esta es una riqueza para estudio científico de la pandemia».

Al observar en detalle los beneficios de esta profesión que ejerce hace más de 3 décadas, nunca había experimentado tanto miedo en lo individual y colectivo. “Los vecinos ya no llegaban a casa. Que decir de mis hermanos. Las charlas eran virtuales. La comida era a domicilio, previa lavada de manos y con guantes. No había la suficiente información sobre el Covid-19. Todo era caos. Un caos jamás visto.

Siempre ha sido una enamorada de los Cruceros. “Cuando viajé de Barcelona a La Florida en los Estados Unidos, me permitió el contacto con el mar -tan tranquilo y peligroso- una hoja de ruta donde ha transitado tanta gente. “Era un recuerdo que bajo el escenario de la emergencia sanitaria tenía otra fotografía. Donde la fe y la figura de Dios tienen otra dimensión. Donde lo sublime aparece con una fuerza inusitada desde el interior de mi ser”.

Una energía indescriptible. Algo tan poderoso que no se puede describir con palabras. Fue instante donde la fe es la última esperanza que como seres humanos tenemos. “Al final de cuentas, somos tan débiles y tan frágiles que el aborde la muerte, no hay estrato social. Las fronteras se rompen, para quedar en un cadáver frío, en una soledad total”, manifiesta mirando el cielo.

Eso fue lo que nos ha enseñado la pandemia. -precisa- Conozco personas cercanas ha quienes el virus les ha arrebatado a 135 amigos en Colombia, América Latina y España. También a 17 familiares. Algo que supera cualquier pronóstico de salud. Un hecho de impacto sicológico. Donde la “cadena del contagio” deja muchas enseñanzas.

Esta interesante entrevista continua en el siguiente artículo:

Mil vidas antes de morir (II). Este libro “Mil vidas antes de morir” es fruto de mi ejercicio profesional de sicóloga sistémica. Un testimonio que pretende dejar una huella. -Ximena Martínez León-.


*Carlos Villota Santacruz. Internacionalista, experto en marketing político, marketing de ciudad, comunicador social y periodista. Escritor.
Twitter @villocol
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Por editor

Un comentario en «Mil vidas antes de morir (I)»
  1. Más que un artículo, una narrativa, es un testimonio de como la paradoja vivida por la humanidad a causa del COVID, impactó a este Ser Humano, Ximena, haciéndola trascender su conciencia humana y profesional, hasta asomarla a la inmensa realidad de su Ser desde la perspectiva de la totalidad.
    Es más, mucho más, lo que calla que lo que expresa; ello, por que apenas comienza a estructurar lo trascendental de su vivencia.

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