Rafael Robles Solano

Por: Rafael Robles Solano*

Con ocasión del bautizado “discurso desde el balcón,” pronunciado por el Presidente el pasado primero de mayo, el cual ha generado múltiples inquietudes de rechazo, porque del mismo, se deducen amenazas implícitas contra la estabilidad de nuestras instituciones democráticas, lo cual hace aumentar las reiteradas advertencias y temores de los contradictores del gobierno y en especial de los opositores de Petro, me refiero a las extremas derechas, declaradas enemigas de todo aquello que provenga del mandatario. Aunque en medio de su visita a España, él ha tratado de suavizar alcance del citado discurso, con preocupación observamos, por ejemplo, la llegada a Bogotá de las guardias indígenas que se han tomado la plaza de Bolívar, cuya sola presencia, consiste en enviar intimidantes mensajes al congreso, en torno a los debates en estudio y aprobación de las propuestas presidenciales.

Ante esta clase de confrontaciones resultantes de la inocultable polarización en que nos hallamos, me he tomado el trabajo de revisar y estudiar consideraciones destinadas a valorar para mis amables lectores el titular objeto del presente tema, analizando las actitudes antagónicas asumidas especialmente por seguidores de posturas originadas desde ambas extremas, y en el presente caso, me referiré en inicialmente a las promovidas desde el gobierno y aquellas otras para impedir que éste consiga estabilizar su gobernabilidad, juego en el que lamentablemente se dejó enredar el Presidente.

Sobre los mensajes de odio, mejor conocidos en los escenarios académicos y sociológicos como: hate speech o discursos de odio, que, en nuestro caso, se han convertido en permanentes motivos de fuertes discusiones, debates y confrontaciones, entre los dos extremos ideológicos, derechas o izquierdas, como de quienes los exteriorizan y difunden cotidianamente en conversaciones privadas y en sus redes sociales. Tenemos entonces que concurren serios desafíos sociales, jurídicos, políticos y especialmente éticos, que ojalá sean tenidos en cuenta, para lograr sortear nuestras diferencias y conseguir acceder a escenarios de sana convivencia. Esta clase de fenómenos y conflictos, se oponen a las propuestas de paz total, que con urgencia requiere Colombia, e igualmente atentan contra los procesos asociados con ellos, acarreando enormes dificultades, porque directamente transgreden las propuestas de pacificadoras que demagógicamente abandera el gobierno de Petro.

Acá dejaré de lado los aspectos jurídicos y políticos, para referirme a los retos éticos y sociales que exige la implementación concertada de escenarios para lograr sanas convivencias, que respeten y garanticen para todos, los derechos humanos, que son las victimas resultantes de las violencias sicológicas y físicas, afectadas por causa de las diferentes formas de discriminación social. Sin embargo, abordar esta temática sin herir susceptibilidades y prevenciones, más allá de mis afinidades o antipatías personales, entraña enormes dificultades, porque debo ser con su contenido, lo más imparcial u objetivamente serio y didáctico, para que se puedan apreciar sus alcances, implicaciones y el daño que resultan causando social y emocionalmente.

En el recaudo de los conceptos y argumentos que pretendo reflejar con este significativo análisis, me permito citar sendos ejemplos, que encarnan los dos protagonistas más representativos de nuestro país, para lo cual inicie reseñando las recientes declaraciones de Petro y después abordo un caso ejemplar que fue de conocimiento público, porque se dio en medio de debates en el congreso, sobre las objeciones contra la JEP, entre uno de los actores más representativos de la extrema derecha, contra el mandatario actual, que personifica a la extrema opuesta.

Para ello, recurro a transcripciones publicadas por el presidente de INDEPAZ, sobre hechos acaecidos el 26 de abril de 2019. Entonces citando a Petro, quien sostenía en la aludida audiencia que: “… quienes se están oponiendo a la JEP le tienen miedo a la verdad y prefieren que se oculte la historia de enriquecimiento ilícito y de poder conseguido desde el miedo y el odio… nosotros defendemos la JEP, porque permite la verdad y sobre la base de la verdad nos permite la reconciliación”. La respuesta del senador Álvaro Uribe Vélez, después de polemizar con Petro, fue: “rechazar las acusaciones de complicidad con el narcotráfico y el enriquecimiento con sangre…” dichas por aquel y le replicó: “No hace parte de mi talante pretender presionar al presidente Duque, … no ha estado en movimientos criminales, no ha estado en movimientos terroristas, donde a los colombianos les aplicaban la ley del fusil “. “Yo prefiero 80 veces al guerrillero en armas que al sicariato moral difamante.”; “… hablar de amor para promover en realidad el odio y de descalificar con calumnias e insultos a sus contradictores.” Luego se sentó y mirando directamente a Petro, le gritó con furia incontenida: “¡sicario! … ¡sicario! … ¡sicario!” Entonces acá son evidentes los mensajes de odio, los cuales lamentablemente han venido siendo utilizados y replicados por sus fervorosos seguidores, como argumentos para descalificar al presidente y según ellos, todo lo que éste representa por su condición de ex guerrillero.

* Rafael Robles Solano. Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL. rafaelrobles12@hotmail.com

Tema enlazado. MENSAJES DE ODIO VS PROCESOS DE PAZ (II)

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