JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA

Por: José Manuel Herrera Villa*

Inequidades y desigualdades siempre marcan y marcarán para lo malo y peor. Vienen determinadas por el espacio geográfico, la gente, la profesión, el estatus social y todos sin duda en algún momento las hemos padecido; lo que en muchas ocasiones he criticado desde estas páginas y más, cuando provienen de medidas impuestas e impulsadas desde los gobiernos que las provocan agravándolas dichas inequidades y desigualdades, mismas que son latentes y hasta palpables.

No nos pueden sentar bien bajo punto de vista alguno las peroratas insustanciales que refieren utopías, por supuesto que no, ya que hasta suena ofensivo; más, por cuanto requerimos para el país profundo en camino de soluciones, tener los pies sobre la madre tierra. Es pensar pensando, pensar analizando, pensar observando, pensar estudiando, pensar confrontando como se van a superar esas para nada edificantes inequidades y desigualdades. Es ver en su conjunto las distintas condiciones, para una vez ponernos en situaciones de objetividad y viabilidades, ver el camino o los caminos mejores por los cuales transitar en vía de superación y efectiva consolidación de avances en beneficio colectivo, en lo que importa llamar la atención respecto de los inconcebibles y sangrantes desbalances territoriales que aún se mantiene en el país.

Hay toda una serie de numerosos como muy variados indicadores que señalan que un territorio, una localidad, un municipio, una provincia, una comarca o una comunidad está más retrasada que otra, en lo que juegan papel importante la renta disponible, los servicios sanitarios, los centros de educación, las comunicaciones, el saneamiento, la seguridad, la degradación ambiental, así como muchísimos otros que bien podemos consignar en un largo etcétera. Ahí están las estadísticas para constatarlo, compararlo, corroborarlo y comprobarlo. Pero, además de tener en exacta cuenta la disponibilidad o no, así como la importancia cuantitativa y cualitativa de esos índices, indicadores y servicios, también hay que valorar cual es o cual sería la facilidad de la población para acceder a ellos.

Razones las dichas para expresar sin temores que esa debe ser una de las tareas principales de nuestros dirigentes, para acabar con esas diferencias que mucho daño hacen, y zanjar con las inequidades y las desigualdades; toda vez que no se trata que le vaya mejor a unos más que a otros, sino que le vaya bien a la gente, que le vaya bien a todos; y en este aspecto, en este escenario, en este espectro, en este estadio, en este terreno, queda mucho y más por hacer, mucho y más por y que mejorar, en el entendido que debe mejorarse respecto a los otros, porque las mejoras han de ser siempre comparativas; ya que no se trata solamente de superarse uno mismo, sino superar a los demás.

Tenemos como país muchos débitos en infraestructuras, servicios e inversiones que, sumados a los que se derivan de nuestra propia ubicación geográfica y dispersa demografía, nos agobian de una forma determinante en esa carrera por situarnos ya no digo por encima pero sí por lo menos a la altura de otros territorios. Acabar con esos déficits debería ser el primer objetivo de todos los gobiernos, sea cual fuere, lo que sería motivo de especial presunción sin duda alguna.

José Manuel Herrera Villa. jomahevi@gmail.com Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo.

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