Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Los populistas en la política son descubiertos con facilidad, toda vez que se muestran y exhiben como amantes del poder total, además de ser autoritarios y mentirosos compulsivos. Fungen de magos en el ardid de dividir a la gente en la búsqueda y procura de captar para sí el apoyo incondicional de sus prosélitos, que no son cosa distinta a redomados fanáticos que los secundan en sus vanidades. Sin en la política quienes denuncian cuando no se le favorece, o los resultados no son de sus conveniencias. Son quienes se inventa fantasías y enemigos poderosos. Quienes acusan, rumorean y mienten constantemente. Crean teorías conspirativas. Amenazan la institucionalidad, la seguridad jurídica, la división de poderes, a los medios, la Constitución y las leyes, así como las tradiciones democráticas. Se burlan de lo habido y por haber al tiempo que pretenden estar por encima de todo poder.

Son aquellos, dice la psiquiatría, que no se persuaden de ser capaz de equivocarse y cambiar y que los errores son siempre de los otros que no los entienden. Son distorsionados y susceptibles de trastornarse. Narcisistas y psicópatas, una de las mejores condiciones para dedicarse a la política hoy en día. El narcisismo impide la democracia, Se sienten superiores, necesitan menospreciar y ser adulados. Se dicen luchadores contra las corporaciones y los demás no. Ser leales y los otros no. Que todo pueden hacerlo y los demás no. Funcionan soportados en el narcisismo. Exageran logros y esperan ser reconocidos como seres superiores que creen que sólo puede ser comprendidos por personas especiales, pero que igual deben rendirles culto de manera excesiva. Nunca nadie va a estar a su nivel y se da a la tarea de sacar provecho de los demás para alcanzar sus metas y luego los desecha.

Carecen de empatía. Son reacios a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás. Les sobra envidia y soberbia. Siempre tienen aúlicos en su entorno que aprovechan, habitan y colonizan. Son deshonestos. Ignoran cualquier ley que se les interponga. Sostienen que comprar voluntades es un camino único, de ahí que válido en su proceder sea someter al otro con cosas, objetos, dinero. Es la denigración máxima.

Se valen de la irresponsabilidad, la falta de remordimientos, la indiferencia o la justificación del daño ajeno que son vividas como parte de la política y los ciudadanos dedicados a sus vidas comunes que serán sus probables víctimas, perdedores que requieren que los dirijan y blancos de sus disparos en el futuro. Estamos llegando al límite del deterioro de la naturaleza y la diferenciación social. La democracia, no está en condiciones de decir qué hacer para corregir las cosas y los populistas giran sobre el escenario, mutan a sensibles y a lo que nuestra debilidad quiera creer. Siempre van a aparecer populistas como mesías con las soluciones en la mano.

De ahí que sea evidente que hay la necesidad de crear dentro de la legalidad, nuevas legalidades; pero, antes que nada, hay que luchar contra el populismo y sus formas, razón por la que los liderazgos importen, toda vez que el buen líder contagia ideas y valores, es decente, respeta la institucionalidad y las tradiciones democráticas, a la par que desecha los personalismos. rubenceballos56@gmail.com * Jurista

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