Por: Uriel Ortiz Soto (*)

Con el beneplácito de todos los ciudadanos de bien, La señora Vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, se ha puesto la camiseta de lucha contra la corrupción; sin embargo para lograr el objetivo de depurar la administración pública y privada de este flagelo, ase requiere de un instrumento de Ley, que defina y regule esta lucha sin cuartel en todos los estamentos públicos y privados de nuestro País.

Esta sería una lucha de día a día, partiendo desde los jardines infantiles, hasta las universidades, con el fin de instar a las nuevas 

Es claro que la corrupción, no da tregua, don corrupto continúa fortaleciéndose y blandiendo su bastón de mando a diestra y siniestra, por todos los estamentos públicos y privados de nuestro País.

Cuando aparece un jugoso contrato público o privado, inmediatamente se le abren las agallas, para convocar a contratistas corruptos con el fin de hacerle segui8miento y finalmente lograr su adjudicación, para hacer la repartija; finalmente la obra queda expuesta a la buena voluntad de un congruo presupuesto hecha a la medida de los contratistas y funcionarios corruptos.  

Desde la óptica de Comunidad y Desarrollo, nombre de mis columnas publicadas por el diario el Espectador a través de 18 años, me da autoridad moral  para pedir al actual gobierno se implemente la Ley de principios y valores, pilares fundamentales, sobre los cuales descansa toda sociedad culta, progresista y organizada.

Ante la ola de corrupción que invade en gran parte todas las instituciones públicas y privadas de nuestro País y ante la ineficacia de las medidas que no dejan de ser bien intencionadas pero insuficientes, sería muy conveniente, institucionalizar mediante decisión gubernamental y trámite en el Congreso de la República, la Ley de principios y valores. 

Después de tantas luchas contra dos flagelos que desde hace varias décadas venimos luchando: corrupción y narcotráfico, es procedente cambiar de escenario y darnos cuenta que lo que se necesita es crear conciencia ciudadana y esto solo se logra, mediante un procesos de motivación y concientización, con fuerza de Ley y de obligatorio cumplimiento en todas las instancias de la vida nacional.

No podemos seguir asistiendo a los escenarios desoladores de: saqueos, chanchullos, peculados, falsedades, entre otros desafueros cometidos por los jinetes de la corrupción, tanto pública como privada, donde sus principales protagonistas se bañan con las aguas tibias y turbias, para hacernos creer que no ha pasado nada.  

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