Por: Iván Meneses.
En los pueblos del Cesar y Colombia, antes de la llegada de la electricidad, la plancha de carbón era un utensilio esencial en la vida cotidiana de las mujeres. Este pesado objeto de hierro fundido, con forma triangular y un mango metálico, era utilizado para alisar las prendas de algodón y lino, comunes en la región por el calor.
La plancha de carbón funcionaba introduciendo brasas ardientes en su interior a través de una pequeña puerta trasera o superior. Contaba con orificios laterales que permitían la entrada de aire y mantenían la brasa viva. Requería gran habilidad para no quemar la ropa ni enfriarse, lo que la convertía en un objeto de gran importancia en la vida diaria.
En el corregimiento de Zapatosa en el departamento de Cesar, la plancha de carbón era un objeto cotidiano utilizado por mujeres, a menudo planchadoras profesionales o amas de casa. Era un símbolo de la vida doméstica tradicional en esa zona del Caribe colombiano, donde la ropa se lavaba a mano y se planchaba con cuidado para mantenerla impecable.
La señora Bellanira Robles conserva con celos la plancha con la que su madre planchaba la ropa. Años después la señora Bellanira heredó para continuar preservando este elemento que hoy por hoy es objeto decorativo de su casa donde vive con su hija, la profesora Elvia Ariano Robles y nietos.
La plancha de carbón era un objeto muy pesado, que podía superar los 2 kg, lo que facilitaba el planchado sin ejercer mucha fuerza. A menudo, se usaban dos planchas: una se calentaba mientras la otra se utilizaba. Esto permitía un planchado continuo y eficiente.
Hoy en día, las planchas de carbón son valoradas como piezas de colección o decoración rústica que evocan la vida cotidiana de antaño de los zapatoseros, recordando los años dorados de su infancia. También son un recordatorio de la importancia de la tradición y la cultura en la vida de las personas, y un homenaje a las mujeres que las utilizaron durante tanto tiempo.

