SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

La gente primero, es expresión que debe hacer fortuna tanto en el debate político como en el académico respecto a las reformas políticas y administrativas locales, en la verdad que hay, por encima de muchos asuntos y circunstancias, izar prioritariamente la enseña de lo local para llamar la atención sobre la necesidad de atender una dimensión de la realidad que ciertamente se encuentra muy vinculada a la ciudadanía, en la realidad que la resolución de los problemas políticos deben contar con el papel y funcionalidad de los Gobiernos y administraciones locales en un ejercicio de equilibrio y moderación política, lo que pone la cuestión local en el primer plano de la deliberación pública.

Testigo es la historia de la importancia de lo local en las libertades. El espacio local, independientemente de lo claro u oscuro de algunos de sus momentos, es, ha sido y será ámbito por excelencia y grandiosidad de la gestión política, laboratorio especial de experiencias democráticas, la dimensión pública más cercana a las personas y el espacio donde la gente puede participar en la configuración de los asuntos públicos, puesto que el principio de subsidiariedad de la autonomía local es clave para que las tareas públicas realizadas desde los gobiernos locales no se ubiquen en otros niveles de gobierno.

Lo local no debe ser visto solo como una cuestión técnica o administrativa, toda vez que lo relevante se encuentra en potenciar los espacios políticos más próximos a la ciudadanía para facilitar la emergencia del repertorio de iniciativas sociales que nacen del dinamismo vital de la realidad. En lo local se palpa la vitalidad, temple y disposición popular de una manera creciente, lo que nunca debería dejar de ser en contexto de la conquista de las libertades dentro del orden y del progreso dentro de la justicia.

Es pensar universalmente y actuar localmente, entender que es importante sobremanera este concepto de glocalidad, síntesis de la expresión más auténtica de lo que se ha denominado pensar compatiblemente, que nos pone en las coordenadas de los nuevos espacios políticos en los que trabajar se debe con mentalidad abierta, desde el entendimiento y la sensibilidad social; de ahí que el refuerzo de los espacios locales sirva para llevarnos a repartos inteligentes de poderes y competencias de manera que los ciudadanos puedan recibir mejores servicios públicos, lo que deja en claro que los Estados deben comprometerse en las tareas de definición y análisis de las políticas públicas básicas de solidaridad y equidad, lo mismo que buscar las autoridades buscar la mejor forma de gestionar los servicios públicos.

Claro es que los gobiernos locales definitivamente deben consolidarse razonablemente, entender los beneficios del sentido común y las exigencias del equilibrio territorial para atender mejor los asuntos públicos de la gente en todas las materias en que el interés local así lo reclame, que no serán pocas. Los entes locales, y ello no podemos perderlo de vista, son partes integrantes y vitales del Estado. Por eso, los intereses generales se pueden operar tanto desde el Estado como desde los entes locales.

Síntesis de lo expuesto es la necesidad de alcanzar mejores equilibrios territoriales si tenemos en cuenta que la mayor parte de los asuntos públicos son, como muy bien saben los alcaldes, de relevancia local. Las personas, la gente, se merecen que los partidos políticos y los agentes sociales sean capaces de encontrar espacios de acuerdo para potenciar, en el marco del pensamiento abierto, dinámico, compatible y complementario, a los Gobiernos locales. La realidad administrativa, plural y compleja, no se entiende desde el pensamiento único ni desde la unilateralidad, por lo que es necesario una permanente atención a todos los aspectos de la realidad. De ahí que primero sea la gente.


*Saúl Alfonso Herrera saulherrera.h@gmail.com Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual.

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