JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA

Por: José Manuel Herrera Villa*

Nos consta a todos, que vivimos en un mundo regido por todo lo que se mercantiliza y donde pareciera solo contar el dinero por encima de la gente y todo lo que en ella debe prevalecer. Guerras que se mueven por intereses económicos. La política dictada por la economía y un poder económico que la marca y se aloja unos privilegiados que son menos cada vez, mientras que más son los que menos tienen. Son tan poderosos los intereses que hasta explican con solvencia las contradicciones por absurdo que esto sea.

Son los menos quienes todo lo planean, organizan, direccionan, controlan y programan. Van tras la obtención de cuantiosos beneficios sin importar que crezca la pobreza extrema. No les interesa en lo más mínimo acercarse a la realidad de los otros, apenas les importa aumentar a toda costa sus dividendos. Nunca toman medidas en el reparto para que repercutan con más equidad y se proteja a los más desfavorecidos. No se esmeran por crear las ayudas mejores para hacerle frente a la pobreza extrema.

El capitalismo, así vivido, tiene en riesgo la supervivencia de gran una parte cada vez mayor de la población, mientras las economías de las cúspides nacionales, organizacionales y personales se robustecen, al ser cada vez más sus fortunas, lo mismo que aumentan exponencialmente su poder político e influencia (global, continental, regional y local), sin importarles cuántos pobres son más cada día. El interés se centra exclusivamente en que crezcan sus depósitos monetarios y expandir cada vez más sus negocios, empresas y vinculaciones territoriales y allende fronteras.

En economía importa construir, equilibrar, respetar al otro, alejarse de improvisaciones y cargas ideológicas que no sirven; pues el debate económico no puede caer en el maniqueísmo, ni en los extremos ideológicos poco aplicables en el siglo presente. Hay que atacar si la penosa concentración de la riqueza, su poca generación para todos, el notable avance de la corrupción, el escaso fortalecimiento del Estado de Derecho, el incumplimiento de las leyes. Interesa igualmente, sostener altos niveles de crecimiento, depender económicamente menos de la relación empresa-gobierno, ir tras un superior expectativa de vida. Así mismo, hay que procurar cambiar las cosas en materia económica, con una dinámica de halagüeños beneficios con sólidos en lo que se tengan en cuenta las condiciones sociales, culturales e incluso históricas del país en su conjunto que nos lleven a niveles satisfactorios de crecimiento económico sostenido. Es proponer cambios profundos, experimentar sin improvisar, no perder equilibrios macroeconómicos que nos dan estabilidad de largo plazo.

Existen principios elementales de la economía práctica que, de olvidarse, generarán altos costos sociales. La oferta y demanda, el principio de escasez, así como el costo de oportunidad y la inherente tendencia natural del hombre a satisfacer sus necesidades y al intercambio, van a aparecer por más esfuerzos que cualquier Estado haga por controlar estos principios que más que pretender dirigirlos se debe buscar entenderlos y acompañarlos. La negación de esto es no entender al hombre mismo. El Estado por sí solo no lo puede todo, ni lo debe hacer todo. Nos debemos propuestas económicas que deben partir de la suma de todos sin exclusión ni descalificaciones, aprovechar las experiencias pasadas que deben repetirse y desechar las que no. Hay logros que deben mantenerse potenciarse, al tiempo de tener y tomar en cuenta a la sociedad en la mayoría de los temas y poner en el centro de las decisiones a la población que por siempre ha estado más en las estadísticas que en la acción colectiva.

José Manuel Herrera Villa. jomahevi@gmail.com Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo.

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