Por: MELANIO ZUÑIGA HERNANDEZ

La región del Pacífico colombiano está conformada por los departamentos de Cauca, Chocó, Nariño y Valle del Cauca, representativa dentro del territorio nacional ya que representa el 22,1% de su superficie, incluyendo la extensión marítima de los cuatro departamentos, con el 17,1% del total de la población colombiana, el 14,7% del PIB (producto interno bruto) nacional, el 16,5% del PIB industrial, el 9,2% de las exportaciones totales y el 16% de las no tradicionales.

La región tiene como característica fundamental su diversidad natural y cultural que representa grandes potencialidades para el país como el turismo de naturaleza, de aventura y ecológico, la pesca con un potencial de unas 500.000 toneladas al año, y unas reservas forestales que representan el 16% del total nacional; constituyéndose en la segunda más grande después de la Amazonía.

La cuenca dispone asi mismo de una de las mayores reservas de agua dulce a nivel global y una de las más altas pluviosidades del mundo, en tanto en minería cuenta con recursos significativos como el platino y el oro, entre otros. La dotación de recursos naturales la hace única en el planeta, pues el Chocó Biogeográfico que atraviesa el Pacífico colombiano es la segunda región de mayor biodiversidad después del Amazonas.

El Pacifico se encuentra inmerso además en una posición geoestratégica privilegiada. Es la única región interoceánica del país que conecta a América Central con América del Sur, la única transamazónica que une el Amazonas con el Pacífico, y es el potencial eje articulador de Colombia con la Cuenca del Pacífico y con la del Atlántico a través del canal de Panamá.

El territorio de la región Pacífico se distinguen dos grandes franjas: el pacífico Andino que trasciende la cordillera occidental conformado por 128 municipios, que albergan aproximadamente 6.700.000 habitantes según el censo del DANE al 2014, y representa el 81,2% del total de la población regional, y el litoral pacífico integrado por 50 municipios de los cuatro departamentos con 1.533.726 habitantes, que corresponde al 18,8% del territorio.

Esta última es un área geográfica predominantemente rural, en donde el 60% de la población vive en el campo y está conformada por grupos étnicos, en particular por afrodescendientes que habitan en territorios colectivos con 5,4 millones de hectáreas tituladas, y por comunidades indígenas que lo hacen en 281 resguardos, con una integración natural entre su población que se extiende por todo su territorio; en particular entre el Valle del Cauca, Nariño, Cauca y el sur del Chocó, que cuenta con una cosmovisión compartida, en donde el concepto del desarrollo se encuadra con la idea del buen vivir, es decir, la gente se siente satisfecha de lo que es y de lo que tiene, de manera armónica y respetuosa con la naturaleza.

Lamentablemente esta integración se ve interrumpida por la falta de conectividad dentro del territorio, la falta de infraestructura vial, ya que con la excepción de Buenaventura y Tumaco que disponen de vías carreteables, la movilidad en el resto de pueblos y caseríos se logra única y exclusivamente a través de las vías marítimas y acuáticas (ríos y esteros).

Frente a esta problemática y realidad Colombia no puede seguir estando de espaldas frente a la región, considerando que de un lado, el más promisorio escenario de desarrollo de esta región y del país, derivado de la riqueza biodiversa y su localización geoestratégica, no está generando condiciones favorables para sus habitantes; al contrario terminó convirtiéndose en fértil terreno para el asentamiento de actores armados ilegales, que solo han traído problemas de violencia, inseguridad y desplazamiento forzado.

Una retrospección leve sobre las condiciones sociales del Pacífico colombiano permite concluir fácilmente que las condiciones de sus habitantes no han cambiado, pese al paso del tiempo, persistiendo los mismos factores estructurales que al contrario se han vuelto mucho más complejos, pues no sólo subsisten las condiciones de aislamiento e invisibilidad de esta región para el país, sino que además, la gran ventaja comparativa de la región como es su ubicación geoestratégica y sus condiciones biodiversas y potencial productivo, terminaron favoreciendo las actividades ilícitas, en detrimento de la otrora convivencia pacífica y el escaso desarrollo para sus habitantes; con el agravante que la proliferación de cultivos ilícitos ha derivado en el desplazamiento reiterado de la población campesina y la sustitución de los cultivos de pan coger, amenazando la seguridad alimentaria y la distribución hacia el interior del país de los pocos excedentes comercializables.  

Todo esto ha llevado a limitar la oferta sectorial y la llegada de inversión privada nacional y extranjera, profundizando las brechas para el desarrollo humano y sostenible de la Región del Pacífico colombiano, en especial de su litoral, y comprometiendo la convivencia pacífica, su diversidad cultural y ambiental para las generaciones futuras.

Amanera de ejemplo destacamos el caso de Buenaventura que por su misma condición geoestratégica, termino convirtiéndose en el más importante puerto colombiano, no solo sobre la cuenca del pacífico sino del país, y no obstante su proximidad a grandes mercados como la costa oeste de los Estados Unidos y México, entre otros, se ha convertido en un foco de violencia, debido a que su estructura económica y social gira principalmente en torno a las actividades portuarias; que a pesar de movilizar por sus cuatro terminales marítimas el 60% de las importaciones y exportaciones de Colombia, es el municipio donde el 66% de su gente vive en condiciones de pobreza y con sus necesidades básicas insatisfechas, es decir, no cuentan con agua potable, alcantarillado, energía o gas; convirtiéndose asi en el más pobre de un departamento tan importante y pujante como el Valle del Cauca, con un índice de NBI de 63%, tres veces superior al registrado por la ciudad de Cali su capital.

En términos generales pueden señalarse una serie de obstáculos que conforman el macro problema del pacífico, los cuales impiden avances efectivos para impulsar el desarrollo de la región, entre otros la desarticulación territorial y la carencia de una integración efectiva, un modelo económico predominantemente extractivista de la población nativa, la dispersión y el uso inadecuado de los recursos naturales, particularmente con actividades como la minería ilegal y la tala indiscriminada de bosques por extraños, asi como las bajas capacidades político institucionales, socioeconómicas y científico tecnológicas.

El panorama anterior se entiende aún más agravado durante los últimos 15 meses, por la presencia de la pandemia del coronavirus – COVID19, que si bien es cierto se trata de un problema nacional y global, ha impactado y perjudicado en mayor medida a los pobres y vulnerables de la región, situación que podría empujar a la pobreza extrema a miles de personas; aumentando particularmente las brechas de género, que podrían ampliarse  durante y después de la pandemia, revirtiendo décadas los escasos avances logrados por las mujeres y las niñas en las áreas de capital humano, empoderamiento económico, participación y capacidad de acción.

La falta tradicional de fuentes de trabajo en la región por la precaria inversión pública, la escaza presencia de empresas e industrias, además de la semi parálisis actual por los numerosos factores relacionados con la COVID -19, y el paro nacional, terminaran produciendo una drástica reducción del ingreso de las familias, debido a la pérdida de los pocos empleos formales; poniendo en riesgo el capital humano, que al no disponer de recursos económicos pasaran a engrosar las nefastas filas de los eventuales “empresarios”, o haciendo parte del ejercito de vendedores ambulantes que encuentran en esta actividad su única forma de alimentar a sus seres queridos.

Tan oscuro panorama regional, no es ajeno a la desaceleración económica del país provocada por la pandemia, que ha tenido un profundo impacto en las empresas y los empleos con mas de cuatro millones de desempleados, principalmente de mujeres y jóvenes; agravando el impacto de la fragilidad, los conflictos y la violencia familiar y varios otros desafíos, destacando que la verdadera magnitud de la pandemia solo se conocerá en los próximos años, a medida que se recopilen y analicen los datos y su verdadero impacto en la economía.

Importan señalar finalmente que según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), en la edición de junio de 2020, sobre perspectivas de la Economía Mundial, la pandemia de COVID -19 tuvo un impacto más negativo que lo previsto en la actividad durante dicho año, y la recuperación será más gradual de lo que se había pronosticado. Por tanto, se espera que esta sea la peor recesión desde la gran depresión, cuando la economía mundial se redujo aproximadamente un -10%; no obstante, destaca que para el 2021 se proyecta que la economía mundial repunte un 5.4%.

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