Por: Hernán Cortés Arboleda*
La acción social es una conducta humana orientada por el significado que tiene para otros, como la define Max Weber; siendo en el espacio del bienestar social, la actividad o programa destinado a atender y prevenir las necesidades de comunidades vulnerables para mejorar su calidad de vida e igualdad. Son actos desinteresados dirigidos a mejorar la calidad de vida de otras personas en los colectivos mayor y negativamente afectados, promoviendo su bienestar, implicando una gestión con importancia para el individuo que la realiza, influenciada por sus ideas y orientada por la percepción de la conducta de otras personas; de ahí que las acciones sociales deban ser impulsadas por gobiernos, ONGs y ciudadanos comprometidos, buscando reducir inequidad, desigualdad, lo mismo que potenciando y fomentando la inclusión social en todo cuanto importa y representa.
Es la acción social eje fundamental para la prosperidad, toda vez que busca, como ante anotamos, mejorar las condiciones de vida de poblaciones vulnerables mediante programas que fomentan la inclusión social, la creación de oportunidades y el desarrollo de capacidades, complementando así el crecimiento económico para generar equidad, bienestar y una igualdad de oportunidades que a su vez retroalimentan el crecimiento y la productividad, lo que impone diseñar e implementar en beneficio y aprovechamiento comunitario políticas públicas, planes y programas de asistencia social, aspectos los cuales han sido y serán siempre en mi ser, hacer y quehacer como persona, una esencial razón de ser puesta al servicio de los demás.
Soy, he sido y seré por siempre, un convencido que la acción social genera prosperidad, dado que traduce inclusión y desarrollo de capacidades, fortalece las habilidades de las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad, al tiempo que permite el acceso a oportunidades para generar ingresos y mejorar su calidad de vida; además, por cuanto se reducen con ella pobreza y vulnerabilidad, mediante la focalización de ayudas y el acompañamiento familiar y comunitario en vía a mejorar el nivel de vida de la población más necesitada. De la misma manera, ayuda a un crecimiento económico sostenible, debido a que la prosperidad social no se limita solo a la asistencia, sino que también busca fortalecer las capacidades individuales y colectivas que impulsan el desarrollo económico, generando trabajo, riqueza y empleo formal.
Potencia la acción social la sinergia, la asociación, el concurso entre el desarrollo social propiamente dicho y el económico, en la clave afirmación que una población sana, educada y con mayores oportunidades de trabajo es más productiva, lo que de contera genera recursos públicos y un entorno de mayor competitividad empresarial, de la misma manera que aúpa, que vigoriza integralmente el desarrollo humano, al promover no solo el bienestar económico, sino también el social, buscando con ello una sociedad con igualdad de oportunidades para todos, en marcos de sostenibilidad y respeto por la naturaleza; razón de peso para que bien y mejor entendamos y de paso comprendamos que lo sostenible debe estar vinculado de manera directa con la prosperidad económica, el desarrollo social, la erradicación de la pobreza, la educación y la salud, entre otros aspectos fundamentales, en dirección a consolidar definitivamente sociedades más próspera.
*Dirigente Empresarial. Líder Social, Comunitario, Derechos Humanos. Columnista
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