Por: Hernando Pacific Gnecco*
Japón tiene su categoría particular de pequeños carros, los kei cars.
Se diferencian de los minicoches europeos en algunos puntos; sus dimensiones no superan los 3,4 metros de largo por 1,5 de ancho, cilindrada inferior a 660 cc, potencia hasta los 64 caballos o equivalente eléctrico, y su velocidad máxima está limitada a 80 kph; llegan hasta cuatro plazas. Al igual que los europeos, son de vocación principalmente urbana. Tal como en el viejo continente, la fabricación de estos vehículos reactivó la industria automotriz, orientándose a familias y pequeñas empresas, tanto que, en Japón, estos pequeños coches actualmente ocupan la tercera parte del parque automotor nipón; las grandes fábricas ocupan a los fabricantes de los kei cars para colocarles sus logos. Así, Toyota confía su marca a Daihatsu o Mazda a los Suzuki; su equipamiento es muy completo, tienen beneficios fiscales en términos de impuestos y seguros, y están exentos de permisos especiales para circular en la ciudad.
Generalmente tienen figura cúbica para aprovechar al máximo el espacio; no obstante, hay kei cars de distintas formas, incluyendo los familiares, pick up, deportivos y descapotables, con curiosas modificaciones; dos o cuatro puertas, platón, pequeños 4×4, etc., siempre que la potencia y dimensiones no cambien; el motor puede ir trasero, central o delantero; en algunos casos, desde las fábricas les colocan turbinas para hacer la conducción más agradable. Así, encontramos la pick up ACTY de Honda, el Suzuki Jimny 600 4×4, el Suzuki Capuccino de 2 plazas y tracción trasera; el aspecto deportivo del Honda S660 llama la atención de los compradores; el Daihatsu Wake, el Toyota Pixis Mega y el Honda N Box se caracterizan por su aspecto de “caja de zapatos” (también los llaman coches cubo) y sus posibilidades de personalización; hubo un kei car no japonés, el alemán Smart Fortwo. Estos carros pueden circular por las carreteras japonesas; ayuda mucho la topografía nipona y la cultura responsable de conducción. Cuentan con un interesante diseño interior, un completo equipamiento a la par de coches más costos. Si la estética puede ser cuestionable, las extraordinarias prestaciones y ayudas electrónicas cautivan a sus compradores.
A partir de 2014 han reducido los beneficios fiscales que concedía les el gobierno japonés; sin embargo, siguen teniendo ventajas incuestionables ¿Son duraderos y confiables? Sin duda; la calidad de los constructores japoneses es proverbial; con un cuido normal tienen larga duración. Algunos consideran que, con familias cada vez más reducidas, costos crecientes de los vehículos y su mantenimiento, la electrificación de la movilidad y la posibilidad de energías alternativas o motores de combustión más eficientes, el costo progresivo de las viviendas o plazas de estacionamiento más escasas, el futuro de estos carros parece prometedor. ¿Y la seguridad? Si bien no es su mayor virtud, tampoco son féretros ambulantes; soportan bien los choques frontales y laterales a 64 kph, con buena protección al conductor y los pasajeros; y es que, por su uso principalmente urbano, circulan a velocidades inferiores.
La entrada de la India y China en el juego de la movilidad cambia las cosas; con un historial similar al de Europa y Japón, irrumpen con vehículos cada vez más tecnológicos a menores precios, prestaciones sorprendentes, diseños llamativos, motorización eléctrica con tecnología de punta, costos decrecientes y mínimo mantenimiento; apuntan fuertemente a mercados emergentes; Europa, América Latina, África y el sudeste asiático parecen ser los objetivos. Ya se tomaron las calles de sus países de origen, son muy visitados en las ferias de automóviles y compiten por el estrellato con otros segmentos.
En ciudades con importantes restricciones a los demás vehículos, especialmente a los de combustión y tamaño voluminoso, se impondrán estos pequeños coches; el auge de las peligrosas motocicletas conducidas por personas cada vez más irresponsables no será lo que gane la partida. Personalmente, me la juego por estos carros no solo como una segunda opción para personas con más poder adquisitivo sino como su vehículo único. Los gobiernos deben impulsarlos.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista
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