Por: José Guillermo Claros Penna*
Los jóvenes deberían ser activistas cívicos y líderes políticos. Enfrentar el presente y el futuro con sentido de pertenencia, con valentía y visión, prospectar y redibujar el croquis del futuro con inquebrantable determinación y pasión; más hoy, en una ápoca signada por incertidumbre, retos y desafíos crecientes, por lo que su liderazgo no solo debe ser valioso, sino impostergable e indispensable. Darnos cuenta todos que vivimos tiempos donde la desigualdad económica y social se expande a un ritmo alarmante, donde las bases de la democracia son sacudidas y el cambio climático amenaza la vida tal como la conocemos. Sin embargo, en medio de estas adversidades, debe surgir una juventud heroica decidida día tras día a enfrentar los problemas en ruta forjar un mundo más justo y equitativo.
La voz de la juventud es poderosa, enérgica, luz resplandeciente, faro de esperanza. Son alma y corazón de positivos cambios y transformaciones, fuente viva de inspiración y catalizadores de un movimiento que invita a otros a actuar y unirse a nobles causas, además de poseer la sinigual y singular capacidad de pensar innovadoramente, desafiando convencionalismos y encontrando soluciones creativas a los problemas más apremiantes; de ahí que la magnitud de su misión, lejos de subestimarse debe potenciarse en dirección a la creación de un cambio real y duradero, que exige colaboración, empatía y una profunda comprensión mutua, lo que hace crucial reconocer que, aunque las visiones puedan divergir, importa en todo caso la búsqueda y procura de un mismo destino: un mundo equitativo, justo, sostenible y sustentable.
Grandes son los retos y los desafíos, pero en todo caso y de todos modos, lejos de ser insuperables. Todos juntos podemos asegurar el respeto a los derechos humanos, igualdad de oportunidades, una justicia aplicada con equidad y unir fuerzas para combatir discriminación, violencia y exclusión. Representa la juventud la generación del cambio, con el potencial de moldear decisivamente el destino de todos y nunca permitir que nadie minimice su capacidad de influencia por su juventud; ya que después de todo, la historia ha sido escrita por aquellos que osan liderar con valentía. Lo que impone su entrega, sacrificio, persistir en su lucha, mantenerse audaces y nunca perder la esperanza, en ruta a marcar la diferencia.
SE trata en todo caso que superen las visiones simplistas y reduccionistas sobre la vida política, introduzcan perspectivas más complejas de la situación, en la que tengan cabida las nuevas condiciones para que vivan con su juventud la pluralidad de significados que confluyen en sus universos políticos. Es reflexionar sobre cómo se es joven en la modernidad, formar experiencias vitales dentro de la dialéctica entre integración y autonomía que preside la dinámica social de la juventud. Poner de manifiesto las variadas relaciones que los diferentes grupos de jóvenes mantienen con el ámbito político y, por extensión, la complejidad de la vida política juvenil para no permitirse seguir manteniendo argumentaciones unidimensionales, y seguir siendo la gran alternativa que requiere el mundo.
*Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado. Master en Derecho Público. Candidato a Doctor en Derecho.

