MÉDICO HERNANDO RAFAEL PACIFIC GNECCO

Por: Hernando Pacific Gnecco*

Muchas creaciones que hoy percibimos como seguras, pasaron por etapas azarosas; algunas fueron mejoradas sustancialmente, pero otras salieron de circulación para siempre; tal era su potencial letalidad. Guillermo III de Inglaterra creó un impuesto a las ventanas, obligando a su oclusión en las casas para no cargar con el gravamen. La eliminación del tributo en la época victoriana abrió las ventanas que habían sido bloqueadas; la relativa luminosidad británica se sumó a la iluminación que se producía por gas; entonces, las gentes pudientes revistieron las paredes de sus casas con papel tapiz. Se popularizó uno de color verde, brillante y duradero; el problema era que estaba teñido con el tóxico arseniato de cobre, “invitado” inesperado en las estancias británicas, presentándose afecciones que obligaron a su eliminación.

Hoy no se concibe una vivienda sin refrigerador ni lavadora. El barón Georges-Eugène Haussman encargó a Charles Tellier la creación de una máquina refrigeradora para preservar los alimentos. El hielo y la nieve, usados para tal efecto, son estacionales y se requería refrigeración durante el verano; gracias a ese invento, en 1868 se pudo llevar por primera vez carne de Argentina a Europa.

Se desarrollaron después refrigeradores domésticos en los que circulaban amoníaco y otros gases tóxicos causantes de problemas a sus usuarios. Con la aparición de la electricidad, el alemán Karl Von Linde creó un refrigerador doméstico, bastante voluminoso, cuyo intercambiador de calor estaba colocado en el techo del aparato; seguidamente, la General Electric produjo uno mucho más pequeño para uso casero, enfriado por dióxido de azufre, que causó numerosas afecciones dérmicas y oculares.

Otros, operados por combustibles líquidos, también causaron accidentes. Las lavadoras actuales son muy seguras; casi que hay una en cada hogar. En 1904 aparecen las primeras unidades eléctricas. Para secar la ropa lavada había unos rodillos exteriores que causaron serias lesiones en las manos de personas poco cuidadosas; tampoco tenían controles para el nivel del agua, causando inundaciones ocasionales.

Y ya que mencionamos la electricidad, en sus inicios fue considerada peligrosa. J. P. Morgan, quien financió los proyectos de Edison, electrificó su casa; su esposa Frances Tracy casi enloquece por el ruido de los aparatos colocados en el sótano de la mansión. Además, mientras se desarrollaba la electricidad, hubo muchas electrocuciones. Hoy, bastante segura, sigue siendo fuente de problemas, aun cuando escasos.

El plomo, dúctil metal, fue utilizado por los romanos para la fabricación de tuberías; por sus propiedades, desde el siglo IV AC, el blanco de plomo (cerusa) tuvo muchas aplicaciones, según lo describieron Plinio el Viejo, Vitruvio y Teofrasto. Estaba tan omnipresente como el plástico actual; hasta bien entrado el siglo XVII, era común el uso de trastos de mesa y cocina elaborados con plomo, al igual que muchos juguetes coloreados con pinturas a base de plomo que, de sabor dulce, inducía a los niños a lamerlos. Agregado a la pintura, acelera el secado, aumenta su duración, mantiene una apariencia fresca y resiste la humedad. Antiguamente, las mujeres valoraban una tez muy blanca como símbolo de nobleza, y usaron cremas faciales elaboradas con blanco de plomo, con fatales consecuencias. Benjamin Franklin, en 1786, advirtió acerca de los peligros del metal; no obstante, muchos pintores lo siguieron utilizando. El saturnismo, así llaman al envenenamiento con plomo, afectó a grandes pintores como Goya, Rubens, Fortuny, Van Gogh, Renoir, Frida Kahlo o Portinari. Los vidrieros que agregaban plomo para hacer brillantes a sus creaciones también se vieron afectados. Muchísimos padecimientos fueron causados por el plomo, tanto que fue prohibido en muchísimos países para usarlo en bienes de consumo, pintura incluida.

Los cómodos, útiles y escatológicos inodoros causaban explosiones en sus primeros años de uso. El desarrollo del alcantarillado para la eliminación de excretas no avanzaba al mismo ritmo de la colocación de los retretes caseros, por lo cual se acumulaba gas metano que, buscando salida, se encontraba con velas encendidas o chispas eléctricas, causando grandes estallidos. Muchos inventos, aunque beneficiosos, pueden ser riesgosos. hernandopacific@hotmail.com

*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista

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