Rafael Robles Solano

Por: Rafael Robles Solano*

En esta oportunidad, aprovechando las celebraciones de final de año, que motivan exaltar el espíritu y la fraternidad navideña en nuestro país, me permito exponer algunas reflexiones personales, como otras recogidas y compartidas con amistades de diversas posturas ideológicas y políticas, relacionadas con las enormes desconfianzas y dudas que concurren sobre las políticas y los procesos de paz, que pretende implementar el gobierno nacional a lo largo y ancho del territorio nacional.

Esta controversial situación, sobre las políticas y los procesos de paz, merecen ser analizadas objetivamente con la seriedad y la trascendencia que ameritan, por cuanto la inmensa mayoría de los colombianos, pero en especial los habitantes de las poblaciones campesinas y de la llamada Colombia profunda, son los que han sufrido como víctimas los estragos de décadas de conflictos y violencias de toda las clases, por los atropellos de los invasores, detentadores y explotadores de las tierras rurales, por los diferentes grupos subversivos de guerrilleros, que todavía subsisten, por los paramilitares, los delincuenciales como el clan del golfo, por los traficantes de las economías ilícitas como la marihuana, la coca y otros tipos de estupefacientes, de personas, de migrantes, los mineros y madereros ilegales, los contrabandistas, etc. De modo que, bajo semejantes antecedentes, es complicado implementarlos sin adelantar y socializar previamente transformaciones de orden reconciliatorio, para que se depongan los rencores y odios que se anidan en los corazones de quienes los han sufrido directamente en sus familias, por los azotes directos de la violencia, ante crímenes, secuestros, desapariciones, confinamientos, deslazamientos y extorsiones de todas las clases, sin poder contar con el respaldo o apoyo institucional del Estado, para protegerlos o para que se les haga justicia.

Bajo las consideraciones reseñadas, reitero mi menguado optimismo en que se logre conseguir en poco tiempo, escenarios reales de reconciliación nacional, porque mientras sigamos siendo testigos de las acciones de los corruptos, de las inequidades económicas y las discriminaciones sociales por razones de clase, religiosas, laborales, raciales, etc. Es supremamente difícil conseguir que se depongan los aludidos odios y rencores, para acceder a los espacios de verdad, la justicia y la reparación.

Lamentablemente llevamos más de dos décadas de inocultables polarizaciones, alimentadas por los extremistas de izquierdas como de derechas, que se resisten a aceptar las directrices de los últimos gobernantes, como aconteció con las políticas de mano dura, impuestas por A. Uribe Vélez, que tristemente entre otros, terminaron degradadas por los inaceptables falsos positivos; los controversiales acuerdos de paz con un sector de las FARC, logradas por J.M. Santos; la declinación de aquel proceso de paz, auspiciada por Iván Duque; finalmente la desnaturalización del gobierno actual de Gustavo Petro, quien abanderó propuestas de cambio y nuevos procesos de paz, pero que, en la realidad, se ha venido diluyendo en medio de políticas erráticas y contradictorias, que facilitan los apabullantes cuestionamientos y permanentes ataques de sus contradictores en los medios de comunicación masiva y la creciente decepción de muchos de quienes le apoyaron, que observan con preocupación cómo el mandatario, no logra concretar la gobernabilidad necesaria para estabilizar la enorme carestía de bienes y servicios de la canasta familiar, la productividad y la seguridad. Entonces, ojalá enderece su camino.

*Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL. lideresocial@hotmail.com

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