Por: Rafael Robles Solano*

En días pasados, el diario colombiano “EL ESPECTADOR,” en sección de Informes Especiales, publicó un artículo referido a las implicaciones devastadoras de la pandemia a nivel global, informando que hubo:  “Más de 62 millones de empleos perdidos en 2020…” Y que: “… la contribución del turismo al PIB global cayó 49,1 % durante 2020.″  Son cifras escalofriantes y dramáticas para la estabilidad económica, laboral y social de cualquier país, por cuanto desbarajusta los programas sociales de cualquier Estado.

Nuestro país, cuenta con un promisorio panorama para la explotación de los muchos recursos naturales y turísticos que nos rodean, disponemos de enormes reservas forestales, de fauna y bosques, que van desde los tropicales, hasta los inexplorados, nuestros diversos parques naturales, ríos, nevados, etc., con sitios geográficos coloniales e históricos, que permiten su aprovechamiento para el beneficio social, pero que ahora en medio de ésta caótica pandemia, todas las oportunidades se frustran, ya que en estas condiciones, no es posible permitir el flujo de visitantes y de turistas.     

Pero el problema de desestabilidad enunciado, no solo se circunscribe a los aspectos ya mencionados, porqué además, está en franca confrontación con las emergentes medidas sanitarias dispuestas por los diferentes gobiernos para intentar contener la propagación sin control de los contagios masivos causados por el covid-19, entre las que se destaca la prohibición de los viajes de todo tipo. 

Tenemos entonces de un lado, la inmediata necesidad de atajar la congestionada emergencia sanitaria y hospitalaria generada por la masiva llegada de personas enfermas e infectadas con el virus del SARS CO II, que requieren de urgentes tratamientos en U.C.I. (Unidades de Cuidados Intensivos), para intentar salvar sus vidas, frente a los drásticos confinamientos a las actividades comerciales y laborales ordenados las diferentes autoridades, para tratar de neutralizar las funestas consecuencias de ésta mortal epidemia. Sin embargo, estas cuarentenas aparejan la pérdida masiva de fuentes de trabajo, el cierre por quiebra de muchos pequeños y medianos negocios y comercios que no pueden sostener sus nóminas de empleados, ni responder por sus obligaciones crediticias, a la que contribuyen además, los irresponsables incrédulos, que por indisciplina social e ignorancia, se rehúsan a cumplir con los aislamientos decretados, convirtiéndose en fuentes mortales de propagación de la enfermedad, haciendo infructuosa las diversas medidas dispuestas para proteger a todas las comunidades.

Retomando el contenido de la información recogida del diario “El Espectador,” que nos sirve de fuente para el presente artículo, tenemos que éste refleja no solo la magnitud del desastre a nivel global, lo cual también afecta a nuestro país, por lo que me permito citar lo siguiente:  “Las enormes pérdidas muestran el primer panorama completo de un sector que lucha por sobrevivir ante las restricciones de viaje y las cuarentenas, que siguen amenazando la recuperación de la economía mundial.”

En consecuencia, los gobiernos se enfrentan no solo la crisis sanitaria que estamos padeciendo, sino también, a la desobediencia civil de muchas comunidades renuentes a obedecer y acatar los encierros, porque en sus condiciones de pobreza, carecen de los medios y recursos necesarios para soportar o subsistir digna o decorosamente sin trabajar. Asistirlos, subsidiarlos y auxiliarlos, se convierte en una prioridad social, que implica disponer inmediatamente de planes emergentes de atención básica alimentaria, para suplir múltiples necesidades insatisfechas a través de la historia, porque los planes de desarrollo estatales, no cumplen a cabalidad con estos propósitos, porque se extravían en medio de la enorme burocracia y la corrupción administrativa que los afecta.   

La llegada de las vacunas, permite vislumbrar pronósticos esperanzadores para salvaguardar inicialmente con la inmunización progresiva de las personas, hasta conseguir la denominada inmunidad de rebaño, cuando se masifique e inocule a más del 70% de toda la población. Pues en medio de ésta desafortunada epidemia, lo que todos requerimos, es poder sortear y superar con salud, nuestras vidas, para retomar las actividades cotidianas, laborar, pasear, rumbear, viajar, hacer turismo, así como demás otras actividades.

 lideresocial@hotmail.com.co  *Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL.   

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