Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Del centro de Santa Marta pasando la quebrada que llamaban todos: el rio Bonda, antes de atravesar los entonces predios de la hacienda San Pedro Alejandrino, el carreteable tendría unos mal contados tres kilómetros; y aquél que era en ese tiempo un moderno viaducto pavimentado con asfalto y piedra, unía al que había de dejado de ser de manejo independiente con Juez civil y alcalde ordinario, hasta la disolución de los Estados Unidos de Colombia para convertirse desde entonces, aunque retirado del casco urbano en poblado barrial de la ciudad. 

La tierra del Cacique Núñez, resguardada ´por sus descendientes que más tarde poblarían la estirpe de todas las clases sociales de la “Saturna”, hicieron de esta población que llamaron  en el lenguaje autóctono: Mamatoco. Poblado con vegetación frondosa de clima fresco situado a los collados que dan inicio al pie de monte de la majestuosa Sierra Nevada de Santa Marta, donde los adornos de mil colores penden de la fronda verde y leñosa de frutales deliciosos dulces y ricos tan variados al gustillo del paladar como: el Zapote, el Mango en innúmeras variedades de especies, la caña dulce para la panela y la fabricación del ron, el tamarindo, la granadilla, el extinto dulce peruétano, la naranja dulce y la cajera, El limón, La lima, El caimito, y otras varias que la memoria ahora no tiene en cuenta. Mamatoco tenía su recinto para el recogimiento espiritual, no preciso la fecha, pero quizá de la misma fundación de la iglesia que llamaron desde siempre San Gerónimo; entronizando el fervor celebrado el diez de enero de cada año en honor al Santo Agatón Obispo.  Las aguas frías del rio Bonda esparcen el frescor por las tierras del pueblo de Mamatoco, las que le bañan al bordearlo de norte a sur, en su eterno fluir del devenir de sus aguas que van a morir al mar caribe en las playas de la bahía de Santa Marta, que el madrileño Pedro de Heredia llamó: Rio Manzanares. 

Sería transcurriendo el mes de octubre que se originó un suceso que causó mucho comento en la ciudad de Santa Marta, hecho que descubriría muchas verdades ocultas hasta entonces del devenir familiar de aquí, y que afectaba  la sagrada unión familiar de la comarca; pues el fallecimiento de uno de un asiduos visitante, falleció allí mismo en Mamatoco, después de uno tragos de ron y una partida de dominó. Aquél fulano, hombre corpulento en demasía y con extrema altura que alcanzaba hasta los dos metros de altura, funcionario público de alta dignidad él, tenía la costumbre de que diariamente de lunes a sábado a partir de tres de la tarde visitaba al poblado para el encuentro y disfrute de unas partidas de dominó acompañado de unos tragos de ron caña; hecho a que lo animaba su esposa complacida de que su esposo disfrutara de tales reuniones diarias. En fin él le dedicaba solo a ella el tiempo de los domingos, y así ella era feliz procurando con afán en este tiempo participar ansiosa en la pretensión de quedar embarazada para darle un hijo a su hombre amado; pero, a pesar de emplear aquellos domingos a tal afán, nunca se le hizo el milagro que con preces el obispo su vecino de casa, le ayudaba con la intercesión ante el Señor por tal pretensión. Pero el Señor no atendió nunca tales peticiones, y la dama esposa admitió la voluntad del Señor conformándose a no tener descendencia nacida de ella. 

Viernes a la tres de la tarde, en la calle principal en el jardín del frente de una casona cerca de la plaza de la Iglesia de San Gerónimo, entre pausados tragos de ron y el trepidar sonoro de las fichas de marfil del domino, que las viriles y pesadas manos asentaban con fuerza contra la tabla de la mesa sin mantel, el visitante llegó con su última ficha de un cuatro y dos que posó firme diciendo: llegué. En muestra que había ganado la partida y reclamaba su paga que en efectivo recibió. Presuroso se levantó de la mesa y despidiéndose subió a su jeep Willys verde y se marchó de allí. La tarde siguió su transcurso normal, y el consuetudinario visitante también siguió su camino. Pero hubo alarma en Mamatoco cuando el murmullo se volvió una algarabía y los amigos del juego de dominó supieron que aquél asiduo visitante amigo, yacía muerto en una cama ajena de una casa del poblado. Pronto “Caraemuerto” el conductor de la funeraria la moderna, carroza fúnebre cuyo fuselaje era todo de vidrio que mostraba la caja mortuoria que transportaba a la vista de todos lo que la veían en el transito lento por donde pasaba, notándose que la caja que cargaba con el cuerpo del fallecido en Mamatoco tenía la puerta del cajón abierta. En el tránsito desde Mamatoco hasta Santa Marta por la avenida del Libertador transito único y obligado, los mirones decían al paso: mira qué raro, el cajón lleva al muerto adentro con la tapa del cajón abierta. Por qué será así?

Pronto al lado de la residencia del Obispo se aglomeró la gente amiga y los mirones, alertados por el llanto de la viuda que sin consuelo pedía que cerraran la tapa del cajón, y ante tal clamor fue que llegó el único que se encargaba de la preparación de los cadáveres en la ciudad, en procura de resolver la compleja situación que no permitía cerrar la tapa del ataúd.

En estos tiempos no había CTI, ni fiscalía, ni tanatólogo, ni ente alguno que se encargara del levantamiento del cadáver; solo existía Narciso que desayunaba, almorzaba y cenaba en medio de la preparación de los despojos que solicito preparaba sin descanso, desentrañando los secretos orbito tenidos por dentro por los óbitos; por tales costumbres en el noble desempeño de su oficio le apodaron: “Come muerto”.

Tan Pronto llegó Narciso a la casa del finado ante la misma viuda revisó el cuerpo comprendiendo de inmediato lo que originó el deceso y la consecuente cusa que originaba el problema de no poder cerrar la tapa del ataúd; y seguido dijo: la causa del fallecimiento fue un ataque fulminante al corazón originado por el desbordamiento en la exigencia sexual en el acto íntimo, que produjo la erección pétrea y permanente del cuerpo cavernoso del miembro viril; puesto que la sangre llena de sangre el cuerpo del miembro que se congela y no permite la falta de firmeza o flacidez propia del estado natural. Visto lo presente, siguió diciendo: por ser el tamaño del miembro tan exagerado en grosor y tamaño, y por la misma robustez del occiso, al mantenerse erguido no permite que la tapa del ataúd pueda cerrarse. La viuda entonces entre lágrimas desconsolada preguntó: y que se puede hacer?  Narciso respondió: Le damos segueta y problema arreglado. 

Contra la voluntad la viuda acepto, y tal así, como propuso Narciso, procedió a hacer como hizo: El leñoso fue amputado. 

Pero la desconsolada no quería que se viera lo que le habían hecho al cuerpo de su difunto y amado esposo, entonces trasmitió tal al mágico que había resuelto el primer problema topado, y este como mago al fin dio la respuesta lacónica: tranquila, señora, que yo tengo la solución. Volteamos el cuerpo y le introduzco el miembro amputado por el recto, ya él está muerto.

La viuda se opuso diciendo enérgica que su marido era un varón, pero al final accedió a tal actuar a seguir, y solo pidió estar presente en el evento.

Narciso con técnica asombrosa le acomodó el hasta ahora incomodo encargo, así como había propuesto, y al voltear nuevamente el cuerpo boca arriba, de los ojos pendían resbalando dos lágrimas. 

Inmediato fue que la viuda dijo en tono quejumbroso: Ay mijo. Y tú que decías que por ahí no dolía! 

Narciso sentenció dando por terminada su determinante atención para resolver el caso y dijo resoluto: Pero la puerta del ataúd cerró, y ya se le puede dar cristiana sepultura.

Colofón: Pasado muchos años de aquello, la viuda compartiría su heredad tenida de su difunto esposo, con siete de los hijos tenidos en Mamatoco por él después de la partidas de dominó sucedidas en la calle principal, aunque al enterarse del origen de su existencia que provenían de la rascamoño que fue su antagónica y única testigo de aquel ominoso ataque al corazón de su marido, les llamó: Los Embarrutaos. 

*Ingeniero. Analista. Columnista

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