Por: Ec. Omar Escobar
Según un estudio del Centro Médico de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, realizado en 2006, estimó que el 49% de los ex presidentes de USA, sufría de una enfermedad mental en algún momento de su vida, El 27% de ellos se vieron afectados mientras estaban en el cargo. Uno de cada cuatro de ellos cumplía con los criterios de diagnóstico de la depresión, trastorno bipolar, trastorno de ansiedad social, incluso psicopatía. Los más psicopáticos eran Lyndon Baines Johnson y Andrew Jackson, el héroe de Trump. Según el artículo del psicólogo Juan Corbin (2016), “la personalidad de éste, presenta unos rasgos narcisistas muy marcados, necesita ser admirado y tener poder. Dicho narcisismo está muy relacionado con la creencia que tiene el poder y el derecho de cambiar la vida de los demás porque estos son seres inferiores, de allí su racismo, la xenofobia y el clasismo. Durante su campaña, realizó comentarios sexistas, machistas y calificó a la Obispa de Washington, Mariann Edgar Budde como ‘radical de izquierda’, quien solo le pedía “tenga misericordia con migrantes y miembros de la comunidad LGBTI”. Me recuerda al misógino Milei, quien profesa adoración por el gran patrón, mas no éste a él.

Donald, según Nassir Ghaemi, autor de «Una locura de primer orden…” cree que el presidente presenta síntomas obsesivos: “es muy impulsivo con el gasto, sexualmente impulsivo, no puede concentrarse”, es decir, con deficiente control de impulsos. Yo añadiría que muestra un carisma superficial, es egocentrismo, deshonesto, insensible, frio y calculador. Estas características, rasgan con la moralidad, pero son básicas para moverse maquiavélicamente en el campo político y empresarial. Es manipulador por eso su discurso político fue impreciso y basado en ideas vagas, para hacer que su significado cambie con el paso del tiempo de acuerdo a una lógica oportunista. Él se cree superior a los demás y los trata como si fuesen inferiores, con desprecio no por sus ideas, sino por su condición innata: prepotente y arrogante, clasista y xenófobo, de allí sus políticas: “Solo dos géneros”, “el muro” y su intento por poner fin al derecho a la ciudadanía por nacimiento contemplado en la 14ª Enmienda de la Constitución, que solo traerá repudio, más violencia. Su arrogancia va más allá de la soberanía de los pueblos y de la convivencia pacífica, lo demuestra con las primeras órdenes ejecutivas, como cambiar el nombre del Golfo de México por Golfo de América, y las pretensiones sobre Groenlandia y el canal de Panamá, esto solo provocarán una polarización en las relaciones internacionales que bien puede aprovechar China.
Dime con quien andas y te diré quién eres, decían las Cuchas. En los años de juventud del supremacista, sus amigos son de moral cuestionable. Uno de ello, Roy Cohn, un abogado sin escrúpulos que murió de sida en 1986, pese a su negación pública y encubrimiento de su tendencia homosexual. Fue la inspiración para el desagradable abogado que defiende al Sr. Burns en «Los Simpson» y en la realidad era un hombre gay que persiguió a otros homosexuales para sacarlos de sus puestos gubernamentales – en lo que se conoció como el Terror Lila de la década de 1950. Fue mano derecha de Trump, de Joseph McCarthy y algunos jefes de la mafia (Caryn James BBC) y lo ayudó en los negocios como en la política. Tanta fue la influencia de Cohn que The Washington Post, publicó durante la campaña presidencial de 2016 en EE.UU. el artículo titulado «El hombre que le mostró a Donald Trump cómo explotar el poder e infundir miedo», su estrategia: “atacar, contraatacar y nunca disculparse».
Otro de los asesores de Trump, fue Steve Bannon, quien dice que Cohn es «una de las figuras más extraordinarias, demonizadas e incomprendidas de la política del siglo XX». Nacido en Virginia en 1953, Bannon de pensamiento ultra conservador que en 2012, asumió la dirección del Breitbart News, medio belicoso con tintes conspirativos, alineado con los nacionalistas blancos y con la campaña de Trump en 2016. Actualmente enfrenta problemas legales, pues fue acusado de lavado de dinero, conspiración y fraude en recaudación de fondos para la construcción del “muro fronterizo”, pero gracias al indulto de Trump, éste saldara incólume. En ese orden está el lisonjero Steven Cheung, aliado de la federación de lucha profesional (UFC), grotesco y grosero, incluso con los medios de comunicación, pero fiel como un perro. Solo es cuestión de tiempo para la censura de medios en el país de las libertades. Estos personajes junto a Todd Blanche, abogado personal de los 34 casos, y Stephen Miller, conocido como el «El Rasputin» de Trump, artífice de la política migratoria restrictiva, tramaron el indulto para unos 1.500 participantes en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021… que fue promesa de campaña, ahora esta cumplida a cabalidad y en el menor tiempo. Que tipo tan efectivo…
Otros colaboradores de dudosa palabra, fueron Chris LaCivita, exmarine, quien critico públicamente a Trump por incitar la incursión violenta de manifestantes en el Capitolio, calificándola como «un espectáculo repugnante y desgarrador” a causa de “matones”.… curiosamente luego borro esa publicación. De igual manera, su vicepresidente J. D. Vance, quien dos años antes, fue un durísimo crítico de Trump, calificándolo de “idiota” e incluso dijo que era “el Hitler de Estados Unidos”… ¿hasta cuándo durará esa relación de lambonería e hipocresía?
Dos órdenes ejecutivas que dan imagen de dureza en contra del terrorismo fue incluir a Cuba en la lista negra y firmar un decreto para declarar a los cárteles como terroristas. Entre ellos, está el grupo venezolano Tren de Aragua y el salvadoreño MS-13, mas no figuran el nombre de sus homólogos con residencia en la Gran Democracia, que siempre han y permanecen en el anonimato… el ejemplo debería comenzar en casa, pues son más poderosos que los latinoamericanos, por tanto, atacar su estructura criminal, es más importante, que retirar por segunda vez del Acuerdo de París, abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS) o imponer sanciones comerciales por encima de la OMC.
Aún no se quien le redacto el discurso de posesión, pero le falto argumentar como controlará la inflación. ¿Cómo reducirá el déficit comercial con China? Toda vez que USA pregona la libertad de empresa y la sana competencia. ¿Cómo garantizar la atención en salud para todos, siendo el país número uno en PIB, pero pagan los precios más altos del mundo por medicamentos recetados y uno de cada cuatro estadounidenses no puede permitirse los medicamentos que le recetan sus médicos… Cómo bajar el consumo de fentanilo causante del 70% de muertes por sobredosis… cuadro dantesco en el país más rico. Cerca de 800.000 estadounidenses están sin hogar y millones de ellos gastan entre el 50% y el 60% de sus limitados ingresos en una costosa vivienda… y es un problema que viene desde hace más de dos décadas. Acaso Trump, en su primer mandato, ¿hizo algo por ellos?
En el país de las libertades, Trump censura a LGBT y movimientos de izquierda, porque Trump torpemente piensa que hablar de desigualdad es estar en contra del gran capital. Jamás tocara ese punto puesto que tres multimillonarios estuvieron aplaudiendo su investidura… esos tres estadounidenses han aumentado su riqueza en más de 233.000 millones de dólares desde las elecciones de noviembre: el fundador de Amazon, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg de Meta y Elon Musk de Tesla, quien gastó más de un cuarto de billón de dólares para ayudar a Trump a ganar las elecciones de noviembre. Allá como aquí persiste el sistema de financiamiento de campañas, que permite a un puñado de multimillonarios comprar elecciones y consolidar plutocracias antes que democracias.
Entramos a una era, en donde la intelectualidad económica estadounidense, tan boyante en el siglo pasado, quedo pisoteada por el lema “al débil lo piso y negocio con el fuerte”… y cuando el débil de razón anda suelto la barbarie se avecina: guerras comerciales, sanciones, invasiones, deportaciones masivas, xenofobia, racismo, la polarización política en su máxima expresión… quien se atreve a enfrentarlo, será pisoteado por el gran patrón pero también los hay quienes lo admiran y pronto gobernarán este país… ojala haya alguien que le haga entender que no está dirigiendo un negocio, que EEUU no es la isla de Robinson Crusoe, que la sociedad se dirige por el Estado Social de Derecho y la sociedad moderna cada vez interactúa rompiendo las viejas fronteras, incluso ideológicas.

