Periódico El Derecho

Educación, es la formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen; también, transmisión de conocimientos a una persona para que esta adquiera una determinada formación. Cultura en tanto, es el conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo; así como conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc.

La cultura debe tener siempre un mismo prólogo: la educación, frase que deberíamos tener siempre presente y estar escrita a fuego en todos los centros que tengan responsabilidades en la educación y la cultura. La educación como prólogo de la cultura, ensancha y potencia la sensibilidad. «Educad la cabeza del hombre del pueblo y no tendréis que cortarla», decía Víctor Hugo. “Educad a los niños y no tendréis que castigar a los hombres”, animosa y esperanzadora frase de Pitágoras, que, desde su posición privilegiada de matemático y filósofo, influenció de gran manera el pensamiento platónico y aristotélico, cuyas ideas posteriores fueron basamento fundamental para lo que hoy conocemos como filosofía occidental y todos los ámbitos que esta ha permeado.

Se debe educar en el conocimiento y aprecio de las artes antes de nada porque es la única forma de crear una ciudadanía que pueda tener la libertad de elegir la excelencia. La educación presenta a cada generación lo que no es patrimonio de nadie, sino de todos, ni vieja antigualla, sino eterno en la medida que una obra humana pueda serlo, coetáneo de todas las generaciones, a las que espera como algo recién escrito, pintado o compuesto para su nuevo lector o espectador.

Nada debe ir contra la educación y la cultura, ello mostraría los peores escenarios. Una y otra nunca deben sacrificarse, son ellas las mejores vías y posibilidades de desarrollo y de transformación. Es algo que se sabe a todas luces, se ha dicho hasta el cansancio por intelectuales, educadores, hasta por políticos conscientes; y, son unos de los caminos mejores para favorecer la satisfacción. Menos educación y menos cultura, conducen al resquebrajamiento social. Reflexionar el enfoque de la acción y gestión de lo cultural desde la educación es interesante y necesario para fortalecer las políticas culturales, compartir planteamientos, experiencias y hacer un profundo ejercicio de autocrítica sobre la actividad y el desempeño de la acción y gestión cultural.

Tenemos que concebir la acción cultural como un recurso y medio para que la ciudadanía acceda a una vida más rica, plena, activa, creadora y autónoma, individual y colectivamente. Que participe en su entorno social, cultural, natural, económico, político y demás. Que contribuya activamente a cambiarlo y transformarlo positivamente, a través de ejercicios con intención socioeducativa, contenido cultural y dimensión social. Para la Educación Social, la cultura y sus dimensiones deberían ser un recurso y no un fin. Desde la protección y conservación del patrimonio, a la comercialización de productos y servicios culturales, en el que el fin y la acción son el propio objeto y hecho cultural en sí mismos. Visiones complementarias, cuya presencia en las políticas culturales resolverán los tipos de desarrollo cultural de la comunidad.

Cultura y educación deben enriquecerse a tope y no abocarlas a un simple administrar recursos en orden de urgencia y con prácticamente total carencia de planificación, por lo que es necesario alcanzar una mayor definición del perfil profesional de la acción cultural, además de garantizar una práctica profesional más homogénea y eficaz, independientemente de las políticas culturales que se determinen en cada administración o entidad. Es disponer de unos perfiles profesionales que permitan ordenar la propia profesión y la acción sociocultural -en dimensión de gestión o animación.

No se puede bajo punto de vista alguno poner en peligro una forma de entender la cultura, que cuenta con una tradición, una historia, y unos fundamentos propios enraizados en las prácticas socioeducativas (animación sociocultural, desarrollo comunitario, educación popular, etc.). En esta disposición de cosas, entendemos que la influencia de la cultura en el desarrollo cultural es decisiva, tanto que no se puede hablar de cultura al margen de la sociedad.

Es momento de reflexionar, hacer recuento del acervo intelectual, científico y hace que la Educación Social reivindique decididamente estos espacios como propios sin vergüenzas ni complejos, y adapte formación, investigación, ejercicio profesional y demás, a las nuevas realidades en las que nos encontramos, para ganar el lugar que le compete por naturaleza y desplegar la voluntad de servicio que le corresponde por sí misma.

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