Periódico El Derecho

Entendemos por sociedad, al conjunto de personas que se relacionan entre sí, de acuerdo a unas determinadas reglas de organización jurídicas y consuetudinarias, y que comparten una misma cultura o civilización en un espacio o un tiempo determinados; también, sistema organizado de relaciones que se establecen entre este conjunto de personas. Cultura, es el conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo; así como el conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc. Se puede decir que la sociedad demuestra sus cualidades a través de su cultura, por esta razón estos aspectos van a determinar el surgimiento de los valores culturales que la identifican y por lo tanto, influirán en los cambios que exige su desarrollo. Sin embargo, esto comprende un proceso en donde la sociedad debe tener la decisión de participar activamente en esos cambios y consecuentes transformaciones.

Algunas de las consideraciones que se deben analizar para lograr cambios, es que la cultura abarca diversos aspectos como la evolución histórica, la naturaleza de sus problemas, la forma de engranar sus procesos de producción, sus manifestaciones artísticas, sus tradiciones y costumbres, los principios que comparten como colectividad, el comportamiento colectivo o hábitos de conducta individual, la relación entre su integrantes, el desarrollo de la ciencia y sus creencias espirituales, entre otros generales y particulares aspectos, situaciones y consideraciones.

Es por ello que siempre deba tenerse en cuenta, que la sociedad se encuentra permanentemente en un continuo cambio, al igual que los individuos, sus necesidades, sus instituciones, las familias. Esta evolución, es una consecuencia de estos procesos y su éxito o fracaso dependerá de las políticas, programas, del nivel de la economía, del estilo democrático, de los paradigmas, de la innovación. En este sentido, los individuos se envuelven en este contexto y deben manifestar acciones, pues el cambio social depende de la evolución en todos sus ámbitos, incluyendo el aspecto cultural. A su vez, esta transformación implica adaptaciones como los avances tecnológicos y así se van agregando muchos elementos que se acumulan en el tiempo, pues consiste en un proceso paulatino, a veces en demasía.

En la actualidad, los cambios culturales y sociales son influidos por los avances dinámicos que se perciben a través de los medios masivos de comunicación tradicionales, de la influencia de los recursos tecnológicos como el Internet, o de las redes sociales, en donde la trascendencia es global e inmediata, difundiendo situaciones que impactan al mundo rápidamente.

Cultura y cambio social, van de la mano y se acompañan en el proceso de transformación necesario para hacer avanzar a la sociedad, junto a esa energía que motoriza todos los niveles y que se van consolidando en una evolución social, que promueven los aspectos culturales. Por esa razón, los individuos deben tomar las acciones necesarias para entender y defender aquellos cambios culturales positivos para evolucionar.

Cultura y Cambio Social son dos aspectos correlativos, la sociedad, en cada etapa de su desarrollo, es caracterizada por su cultura y ésta encuba los brotes de la nueva formación económico-social. Cultura y cambio social son dos aspectos estrechamente interrelacionados: la primera avanza junto al movimiento de todas las esferas de la vida social y de esta forma se va consolidando y convirtiendo en una fuerza social capaz de producir el cambio que abra pasos a nuevas culturas, por ello pudiéramos decir, que forman una unidad de contrarios: se presuponen y al mismo tiempo se excluyen y el papel activo lo desempeña la cultura.

El cambio, si se retrasa, frena el progreso cultural, pero cuando se produce, ocurre el salto revolucionario de lo cultural. Por el lugar que ocupa la producción de bienes materiales en el movimiento ascensional de la sociedad en particular, el modo de producción de éstos, es que al trabajo y a las relaciones laborales se les considera objeto primario del cambio cultural, en sus aspectos económicos, técnicos y sociales; pero los portadores materiales activos de estas relaciones son los trabajadores y de hecho, se convierten en sujetos de las transformaciones que se imponen como necesidad histórica. La dinámica con que opera este proceso irradia todo el sistema de la actividad práctica humana y toma cuerpo en políticas, mecanismos y modelos que inciden desde la superestructura social sobre la base económica.

Muchos cientistas sociales coinciden en señalar a las décadas finales del siglo XX como incubadoras de los valores de una nueva cultura, la que niega en esencia, la ya caduca cultura burguesa. Ello cobra una importancia relevante, teórica y práctica, en la era de la globalización, que es el proceso por el que las economías y mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los Gobiernos.

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