Por: María Antonia Martínez

Me preguntan ¿cómo has aplicado tu carrera  de Diseño industrial en tu experiencia laboral?

Puedo decir que el diseño industrial  plantea un amplio abanico de posibilidades laborales inmersas en aspectos creativos, productivos, organizacionales, convirtiéndose el diseñador en un líder estratégico en varias áreas, logrando incluso aportes en las empresas de índole administrativos, de mercadeo, imagen, comercialización y logística entre otros. Sin embargo desde mi experiencia propia,  es tal vez el liderazgo de desarrollo socioeconómico su mayor fortaleza. Se mira entonces el diseño industrial, con optimismo, con gran futuro, construyendo poco a poco, su aplicación en un entorno en el que ha venido ganando su espacio, aunando esfuerzos en solucionar los vacíos actuales y  las dinámicas propias del mercado global.

Erróneamente talvez, el diseño industrial en el mercado, es simplificado a un producto, un dibujo, una imagen, sin percibir todo lo que este contiene, los humanos somos actualmente simples consumistas, algunos sin fundamento, unos totalmente funcionales, otros con mucha necesidad de detalle.

Como diseñadora Industrial con este énfasis: desarrollo socio económico y con gran experiencia en comunidades artesanales de Colombia,  puedo decir que no solo he aprendido a implementar de manera integral mis conocimientos, sino que por sobre todo, he aprendido en un efecto feedback sobre cultura, sociología, antropología y la importancia de responsabilidad social inmersa. 

Un entorno rudimentario, simple y sencillo, lo encuentras  lleno de una riqueza y valor propio, que quieres llevarlo por todo el mundo para que se maravillen con ello.

Un producto ya no te importa perfecto, te importa diferencial, encuentras el punto de equilibrio entre lo artesanal e industrial. Te interesa el contenido y aportarle a preservar esa cultura, ese saber hacer,  su esencia y su trascendencia.

Me he arriesgado a escribir un poco mi punto de vista, recordando mis primeras asesorías.

Choco, Itmina, Pie de Pepe y Aguacatico,  comunidades afrocolombianas, gente hermosa, alegre, que a pesar de la violencia de la época (1.999), cantan y bailan con autenticidad, sus instrumentos musicales acompañan la música del momento, dándole su carácter cultural,…. pero que,  en medio de mi llegada a Pie de Pepe, en un segundo,  un silencio rotundo, un silencio de miedo, temor, respeto…. pasan por entre el pueblo  líderes de grupos armados ilegales…, todos corren a las casas más cercanas y cierran sus puertas, me acogen y esconden entre ellos……, unos minutos y todo vuelve a la  alegría inicial y a su “normalidad”.

Esto hace que sus mujeres y hombres sobrevivientes, artesanos todos porque saben su arte, trasmitan sus sueños, sus esperanzas en esas hermosas piezas imperfectas para algunos, pero llenas de valor.

Enojadas las mujeres me indican los productos “tapetes elaborados en fibra vegetal de cabecinegro”, que llegaron de vuelta a sus manos, desde la feria más grande y especializada Expoartesanías del año anterior, con todo mi respeto por su trabajo pero mi coherencia con el consumidor, analizamos cada pieza, miramos y volvemos a mirar, y con ellas como las mejores criticas de su propio saber, encontramos las respuestas. Ajustamos y creamos juntas, las propuestas salen, de grandes tapetes, pasamos a individuales, aunque no entendieran inicialmente su función, pero que al hacerlos y tenderlos sobre una mesa, les gusta y se apropian… menos tiempo de elaboración decían ellas, combinamos fibras y sus texturas y dibujos salían de cada una como por arte de magia, no había uno igual, todos diferentes, rústicos sí, pero cargados de su propia esencia.

Los hombres, me reciben con amabilidad, y uno de ellos, me transporta en una pequeña chalupa como única pasajera por el rio Pepé hacia el corregimiento de Aguacatico,  como gran anfitrión, me cuenta su vida, de su gente, de su entorno y sobre todo del lugar, del río y de la hermosa naturaleza, que por media hora con gran contemplación observo…  a mi llegada encuentro una pequeña cabaña en donde niños llenos de esperanza, y hombres valientes me esperan, en sus miradas a pesar de sus vivencias hay inocencia y alegría,  entonan sus canticos, unos cristianos incluso y  otros propios de su cultura, amenizan mi estadía.

Me dicen ya viene la madera, un hombre corriendo, trae un tronco enorme en sus hombros, de muchos kilos, encontrado  río abajo, el día anterior.  Fue nuestro material de aprendizaje. Con ello, me enseñan su oficio, la talla de piezas de madera que con dedicación se convierten en hermosas bateas. Hacemos un ejercicio en donde dibujamos juntos, buscando la manera de entendernos, realizo entonces un taller creativo y encuentran en unas pequeñas clases de dibujo técnico, conceptos volumen, espacio, bi y tridemensión, una herramienta para transferir sus ideas a la madera,  tres vistas le da sentido y lógica, la cual  encantados aplican con precisión con unas pocas escuadras que he llevado, se las turnan para cada uno hacer su ejercicio.

Realizamos una pequeña producción para Expo artesanías de bateas y butucos tradicionales, revisamos el proceso, queriendo con mis estudios frescos de recién graduada,  y con la estrategia “justo a tiempo”, transferirles un poco de organización productiva. Es poco el tiempo para lo que se puede hacerse, pero muy valioso para ellos en ese momento.

Diseñamos también productos, aplicando la teoría. Productos más pequeños fruteros, y tablas para picar talladas e inspiradas en peces del río, producción exitosa en Expo artesanías 2000.

Aunque creo que cada granito de arena hace una playa…. pienso en estas comunidades y no puedo dejar de entristecerme…  con la difícil situación que viven aún, solo presentía que su destino sería inesperado.  No sé si aún me recuerden, no sé si aún viven, solo se que aprecio a cada uno y cada una de sus esperanzas, que en ese momento le dieron sentido a la mía y marcaron mi trayectoria profesional.

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Un comentario en «DISEÑO Y ARTESANÍA. Con una perspectiva deconstructiva del mercado.»

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