Por: Francisco Javier Vázquez Atencio*

Colombia, a diferencia del resto de países de América Latina, logró mantener en el último medio siglo una tendencia de crecimiento económico moderado pero estable y pudo responder con mayor presteza a los shocks externos ya los desajustes de los ciclos económicos internos.

Los acuerdos políticos e institucionales y los controles y regulaciones macroeconómicos instaurados dieron vía a un sistema de manejo de la política económica caracterizado por el pragmatismo, el gradualismo y la estabilidad. En su perspectiva económica de largo plazo, los términos básicos del acuerdo pueden resumirse en una alta estabilidad en la tasa de cambio y en la aceptación de una inflación moderada y de déficit también moderados en la balanza de pagos y en las cuentas fiscales.

En su perspectiva política los acuerdos se basaron en un sistema excluyente y clientelista que, a la postre, dio lugar a un Estado cada vez más débil para resolver los conflictos sociales y para enfrentar las violencias provenientes del narcotráfico, la guerrilla, los paramilitares y la delincuencia común.

Es importante aclarar que Colombia y nuestra nación se debe enfrentar a un cambio enmarcado en el desarrollo sostenible basado en tres pilares fundamentales desde mi análisis y óptica; Un crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y desarrollo social, que equivale a decir prosperidad, planeta y personas. Sin una atención cuidadosa a estos tres componentes, no podemos crear un mundo sostenible.

La urgencia de estructurar reformas y cambios para reactivar el aparato productivo y en pro de mejorar la calidad de vida de las personas más vulnerables, ofrecer oportunidades para nuestros líderes del mañana (jóvenes); aunque desde una perspectiva de largo plazo y la productividad y adaptarse sin sobresaltos a las oportunidades abiertas por la globalización, siempre aportando a construir y fortalecer la economía de nuestra nación. Importante anotar que el progreso a menudo ha redundado en detrimento de nuestra riqueza natural; hemos destruido y agotado nuestros recursos naturales hasta el punto de correr el riesgo de socavar los valiosos logros.

Satisfacer las necesidades durante un periodo de urbanización sin precedentes y con un futuro cada vez más complejo debido al cambio climático, exige un crecimiento que proteja los recursos naturales de los que dependen especialmente los pobres. No podemos equilibrar nuestras economías o la salud del planeta a expensas de los pobres.

La respuesta es un crecimiento donde se usen los recursos de manera eficiente, así se evita quedar atrapado en un daño ambiental irreversible, y el cual es orientado por políticas públicas para garantizar la inclusión. Adoptar este tipo de crecimiento verde incluyente no significa que no haya crecimiento ni que sea más lento, y ciertamente no es un retroceso. Significa un cambio radical en la manera de gestionar la economía.

Por ejemplo, cuando los países valoran su riqueza natural y los ecosistemas, además del producto interno bruto (PIB), pueden ver el verdadero valor del capital natural que hemos dado por sentado durante mucho tiempo. Para tomar decisiones diferentes en materia de inversión, necesitamos distintos datos y pruebas. El crecimiento verde, como todas las políticas de buen crecimiento, requiere corregir los precios.

Demanda, además, abordar las fallas de las políticas y del mercado, crear derechos de propiedad comercializables y eliminar los subsidios inadecuados. Esto significa que es necesario aumentar la eficiencia y reconocer la ineficiencia de los modelos actuales de crecimiento que estamos experimentando, y pensar de manera integral sobre el crecimiento puede devolvernos a la senda del desarrollo sostenible.

Para reflexionar: “Un gobierno eficaz, transparente, responsable y confiable, que actué bajo el predominio de la ley, es la base de un desarrollo sostenible, no el resultado.

 francisco.vasquez.atencio75@gmail.com Administrador de Empresas. Especializado en Recursos Humanos. Especializado y Magister en Gerencia Social  

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