Por: José Manuel Herrera Brito*
Cada día que pasa vemos que como país decidimos bien, de conformidad con los hechos de los que estamos siendo testigos de excepción; y, a juzgar por lo expresado por muchas voces autorizadas de los órdenes nacional e internacional, que concluyen lo cual frente a la forma y manera como estamos cambiando y como se está enfrentando la polarización política, la inseguridad, la corrupción, la impunidad y la incertidumbre económica. De la misma manera sostienen que escogió el país su rumbo correcto, mismo del que no debió nunca apartarse de haber correspondido a nuestra tradición como una de las democracias más influyentes de Latinoamérica, siendo el resultado de dicha elección una voz con repercusiones más allá de nuestras propias fronteras.
Colombia ocupa una posición estratégica. Es el puente entre Sudamérica y Centroamérica, un actor clave en la lucha contra el narcotráfico y un socio comercial y político de Estados Unidos y buena parte de la región. Esta administración enfrentando está desafíos enormes. La seguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones de la población, mientras que el crecimiento económico, la generación de empleo y la reducción de la desigualdad siguen siendo tareas pendientes. Al mismo tiempo, el país deberá definir cómo continuará el proceso de paz con los grupos armados y cuál será su relación con sus principales aliados internacionales.
Nuestra elección presidencial, estable a más de transparente, envió al mundo un mensaje de fortaleza institucional en una época en la que varias democracias enfrentan cuestionamientos y altos niveles de polarización, lo que ha generado confianza en los inversionistas y facilitado la coordinación regional en temas como seguridad y comercio, lo que invita a relaciones económica crecientes, compartir intereses y cooperar con otros países en asuntos de seguridad, movilidad humana, combate al crimen organizado y muchos otros.
Las relaciones bilaterales con países que en realidad y verdad importan tienden a fortalecerse, lo que es una visión pragmática de nuestro nuevo Mandatario, quien entiende que necesitamos aliados ciertos para impulsar sólidas integraciones económicas u entrar a diversificar cadenas de suministro, ampliar mercados y atraer mayores y nuevas inversiones; además, por cuanto una agenda basada en la cooperación ofrece mayores beneficios que una marcada por las diferencias ideológicas y ello ya no será más para nuestro país.
Tenemos que pensar de manera consciente que una realidad debe ser la estabilidad política , toda vez que la misma repercute universalmente hablando; más, cuando entraña seguridad, flujos migratorios apropiados; y además, por cuanto el comercio y la inversión no conocen fronteras y lo que aquí, bueno o malo ocurra, termina teniendo efectos, tarde o temprano, en el orbe planetario.
Hoy podemos decir que ha sido esta elección en particular, uno de nuestros mayores triunfos, fue la cual el culmen de una voluntad popular expresada libremente, de la mano de instituciones que garantizaron un proceso confiable y quien elegido resultó está gobernando con capacidad de diálogo, fundamental en estos tiempos de creciente polarización, en los que necesitamos menos confrontación y más acuerdos y es el mensaje que le estamos enviando al mundo entero.

