Por: José Manuel Herrera Brito

La cultura nunca debería ser un artículo de lujo y junto con la educación, ser canales de liberación y de generación de autonomía, en lo que interesa apuntarle y apostarle los gobiernos, así como ser una política de Estado, a superar, ojalá de una vez por todas, los niveles, pésimos por demás, de mala formación en estas áreas, siendo esencial entender y comprender la importancia de potenciar la educación y la cultura hacía sus más altos niveles. 

Se trata de priorizar, en la certeza que ganaremos como país, el desarrollo de la educación y la cultura, cuyo real impulso, si bien comporta inyecciones económicas elevadas, además de una adecuada infraestructura e importante número de profesionales expertos con dedicación de tiempo completo, los resultados, más pronto que después, serán sin duda halagüeños sobremanera. Es construir escenarios educativos y culturales que suplan las demandas actuales y más haya en una coherente y prospectiva proyección. Aumentar la nómina de docentes, establecer un derrotero metodológico y pedagógico con un diseño curricular acorde a las tendencias universales, desde luego que sin renunciar a nuestras propias realidades y necesidades en estas materias.

Menester es robustecer consistentes y efectivos modelos educativos sustentados en el fundamento que entraña. Otro aspecto a tener en cuenta en paralelo es la infraestructura educativa y cultural, la financiación estatal de la investigación que debe tener un presupuesto decente, con docentes e investigadores de planta en calidad y cantidad que garantice que ir por el buen camino. 

Importante y urgente que cultura y educación estén siempre en alza, que brinde a niveles de calidad que permita, además de facilitar posibilidades dignas de crecimiento personal tan pronto terminen su formación académica. Ellas, educación y cultura no deben ser privilegio de quienes tienen el poder económico, sino ser realidades lo más democratizadas posibles, particularmente por cuanto una y otra, obligadas están a trascender los claustros donde su imparte su instrucción, en lo que se requieren más bibliotecas públicas, servicios de música, exposiciones de arte, cine y documentales, entre otros, que cubran las demandas de la comunidad interesada en una superior actividad intelectual, a la par de buscar la manera de no gravar los textos, hoy por hoy de naturaleza incomprable, una de las causas del pésimo índice de lectura en el país. 

Educación y cultural, como nos refiere con atildada pluma Juan Ramón de la Fuente, Ex Rector de la Universidad Autónoma de México, constituyen el más poderoso motor para impulsar con justicia el desarrollo de un territorio, sea este municipio, departamento, región o país, uno y otros que deben responder a procesos integrales con gran presente en la estructura nacional, ya que todo problema sea social o político, implica un problema pedagógico, un problema educativo, pues ser estructuralmente fuerte implica reunir para todo su desarrollo lo integral, físico, intelectual ético y esteticista, en cuanto a la determinación del carácter que bien y mejor se requiere camino a un superior, como soportado e integral progreso. saramara7@gmail.

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