Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
La congruencia es la conformidad entre los pronunciamientos y las pretensiones de las partes. Se refiere a la alineación entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Cuando estamos en congruencia, nuestras palabras, emociones y acciones están en armonía y se alinean con nuestros valores y creencias más profundos. Nos brinda una sensación de autenticidad y coherencia interna, lo que nos permite ser más eficaces en nuestras interacciones y alcanzar nuestros objetivos. Es factor clave para el cambio y el desarrollo personal. Cuando somos conscientes de nuestras incongruencias, podemos trabajar en alinear nuestros pensamientos, emociones y acciones para lograr una mayor coherencia en nuestra vida. Esto implica examinar nuestras creencias limitantes, identificar patrones de comportamiento incongruentes y tomar medidas para alinear nuestros valores y metas.
Para fomentar la congruencia, es fundamental estar atentos a nuestras palabras y acciones. La coherencia en la comunicación es esencial para transmitir mensajes claros y evitar malentendidos. Además, debemos prestar atención a nuestras emociones y escuchar nuestras intuiciones. Cuando reconocemos cualquier falta de congruencia, podemos tomar medidas para corregirla, ajustar nuestro rumbo, mejorar las relaciones, desarrollar liderazgo, alcanzar metas profesionales y personales. Es ella una poderosa herramienta para el crecimiento y el éxito. Ayuda a alinear pensamientos, emociones, acciones, descubre el impacto positivo que podemos tener en nuestra vida y en la de los demás.
De ahí que importe en nuestros gobernantes firmeza, estatura ética y popular, actos de definición, refrendar con claridad el compromiso con la gente, ejercer el poder no como privilegio, sino como una responsabilidad al servicio del pueblo, toda vez que han adquirido un compromiso con la sociedad, con la gente y con la historia, lo que implica e impone darlo todo, sin abuso, y sin corrupción, sino convertir en virtud la puestas de todos los esfuerzos al servicio de los demás. Hacernos crecer verdaderamente cuantitativa y cualitativamente. Crecer en conciencia, congruencia e integridad, puesto que se trata, además de sumar, fortalecer el alma de pueblos que necesitan de positivos cambios y transformaciones con avances y reglas claras que lleven a transitar los mejores caminos.
Enfocarse en separar el poder político del poder económico. Acabar con los lujos, así como con los favores a cambio de cargos. Erradicar el nepotismo. Garantizar un hacer administrativo público con equidad, transparencia y vocación de servicio. Aupar los liderazgos locales. Fomentar de manera permanente ejercicio de conciencia colectiva, responsabilidad política y de profunda convicción en cuanto a cómo avanzar por los cauces mejores de productividad, progreso, desarrollo, prosperidad y bienestar.
No desviarse sino ir tras lo ético y lo esperanzador. Demostrar que sí hay otra forma de gobernar, construir y transformar con humildad en el ejercicio del poder, lo que no mes para nada debilidad, sino fortaleza. En la administración pública no debe ser dable fallar y amparase en consecuencia en la ética, la cercanía y la responsabilidad para seguir avanzando en contextos de justicia, equidad, igualdad para todos, servir al pueblo con honor.
*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Magister en Derecho Público. Columnista. saulherrera.h@gmail.com
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