SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

La ciudadanía en contexto de democracia, debería y tendría siempre que deliberar de manera permanente y continua, además de participar en ella de manera activa, formas mejores de cohesionarnos, de conversar y actuar con rigurosidad en la búsqueda y procura de soluciones a nuestras problemáticas de forma amplia y pertinente, donde muchas y diversas sean las voces que expresen qué nos preocupa y qué hacer colectivamente por un país para vivir bien, con decoro, con esperanzas y sin miedos ni temores, más sí con la mira puesta en el logro de resultados alentadores en el ser y bien exigentes en el hacer, desde la perspectiva, prospectiva y estrategia de una Colombia más digna.

Alcanzar lo cual determina la necesidad imperiosa de valernos de elementos sustanciales que nos llevan a esenciales resultados en los que interpretados queden las soluciones que anhelamos como ciudadanos. Requiere todo lo cual de enfrentarlo todo con optimismo, lo que debe ser una obligación moral de los dirigentes, a quienes deben acompañar virtudes y aciertos.

Necesitamos creer en nosotros mismos, edificar sobre lo construido, presionar para que se establezcan agendas, implanten e implementen políticas públicas en beneficio colectivo e importante influencia social. Demandamos como país conversar públicamente sobre las decisiones públicas y respecto de la sociedad que somos y queremos ser. Más no se trata solo de pensar por pensar y pare de contar, sino ser y hacernos parte activa y colaborar de cambios y transformaciones desde el conocimiento, hacer y quehacer ciudadano.

Interesa que se lideren agendas ciudadanas de cara a construir un mejor país, itinerario en que deben ser convocadas, academia, universidades, centros de pensamiento y organizaciones todas, en las que se puedan conectar las mejores mentes y articularse puedan las agendas de quienes son decisores públicos.

Importa es esto, promover la construcción de agendas ciudadanas locales como escenarios de democracia deliberativa y participación activa, donde por igual importen derechos, deberes y obligaciones; escuelas y programas para jóvenes, donde se potencie la concepción y la ética de la participación en los destinos de la sociedad; en lo que ayuda impulsar laboratorios ciudadanos de innovación social.

De la misma manera, incentivar redes de cooperación y nodos estratégicos de sociedad civil para resolverlos; dar especial espacio a la cultura, las artes y la recreación; al tiempo de fortalecer fondos y promotores en esta dimensión, dada su capacidad de construir sociedad. Es, en síntesis, convertir a todas las instituciones y convertirnos todos en mediadores activos de un movimiento social amplio por agendas ciudadanas en la búsqueda y consolidación de ese mejor país que queremos.


*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. saulherrera.h@gmail.com

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.