Álvaro Beltrán Pinzón

Álvaro BELTRÁN PINZÓN 

abpopinion@hotmail.com 

Como es habitual en circunstancias de crisis o de confusión, nuestro país apela a las simplicidades del esquematismo. A raíz del denominado paro nacional, y con el propósito de buscar la superación de las alteraciones del orden público y la plena restitución de las actividades ciudadanas, se ha planteado el falso dilema de recurrir a la concertación o hacer un ejercicio de autoridad. 

De igual manera se pretende dilucidar si el paro generó la crisis o, por el contrario, la crisis generó el paro, o si no existe tal crisis. Aunque es evidente la desarticulación de la protesta, la ausencia de un liderazgo unificado y el repudio que despiertan los actos violentos, muchos de los factores que se esgrimen en diferentes expresiones de inconformidad tienen validez y son representativos de la complejidad social del momento. 

Las amplias mayorías que, en recientes encuestas de opinión, manifiestan no tener confianza en entidades esenciales, y el bajísimo porcentaje de la población afiliada o simpatizante con un partido político, son reflejo de la precariedad de nuestra democracia. 

Hanna Arendt, en su libro La pluralidad del mundo, advierte que La autoridad siempre demanda obediencia y por este motivo es frecuente que se la confunda con cierta forma de poder o de violencia. No obstante, excluye el uso de medios externos de coacción: se usa la fuerza cuando la autoridad fracasa”. El manual de la OCDE sobre Información, Consulta y Participación plantea con nitidez que: “informar, consultar y hacer participar a los ciudadanos constituyen los pilares de todo buen gobierno. Son los medios adecuados de fomentar la apertura, y una buena inversión para mejorar la elaboración de las políticas públicas”. 

“Los problemas en democracia, de verdad, solo se resuelven con más democracia”, recomienda José Domingo Sagüés, en artículo publicado en la Revista Semana. La reconstrucción de las instituciones y de los órganos Legislativo, Ejecutivo y Judicial corresponde al Congreso de la República; por ello, las elecciones de marzo de 2022 adquieren características de una pequeña constituyente que habrá de propiciar la restitución de la confianza y, por ende, de la autoridad perdida. 

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