Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*
El Magdalena, nuestro departamento, pareciera definitivamente estar condenado y de paso condenarse por propia decisión a seguir inmerso en caminos sin rumbos, laberintos inacabables, oscuros horizontes y porvenir nada auspicioso.
No entendemos, no vislumbramos, no dimensionamos, ni siquiera cuando la oportunidad se nos presenta, que es hora de recomponernos en todo sentido y a todo nivel, como en este caso con las elecciones atípicas a surtirse este 23 de noviembre, apenas a una semana calendario, propicia la cual para de una vez por todas quitarnos de encima la remora perniciosa y perversa que ha sido la autodenominada Fuerza Ciudadana, primero en la Alcaldía de nuestro Distrito durante tres lánguidas como desastrosas administraciones y luego entronizados de la misma manera período y medio en el Palacio Tayrona.
Llama a reflexión el hecho de no contar con una dirigencia empoderada, activa, consciente que no puede seguirse manejando el departamento como hasta hoy, sin visión administrativa pública, gerencial ni empresarial, y haber preferido ellos en contrario sentido, como demostrado y a la vista de todos está, poner por encima de los superiores intereses de la población los suyos personales, además de defender lo indefendible y justificar lo injustificable, a cambio de haberse dado a la tarea, todos a una, de acordar un candidato de consenso, con importancia real, connotado, primeras condiciones personales, profesionales, académicas, administrativas, que real y verdaderamente garantice una buena marcha para el Magdalena y lo encauce en futuros ciertos como debe y tiene que ser por sendas de viables itinerarios y sólidos derroteros.
Lamentable que no interesen las condiciones de los candidatos, más sí las componendas, las argucias, las armas vitandas, los entramados, los arreglos por debajo de la mesa y las canonjías que puedan derivarse de los apoyos dados, entre otros abominables acuerdos. Asistimos a una puja absurda que antepone los privilegios a lo que en términos de desarrollo, crecimiento, progreso, bienestar y prosperidad debe interesar, lo que nos adentra irremediablemente en escenarios de una malhadada polarización con propuestas, relatos, narrativas y discursos marcadamente antagónicos y sin nada que ver con lo que interesar debe a nuestras propias realidades, necesidades, prioridades y demandas poblacionales.
Hora es ya que de manera sensata la dirigencia toda del departamento busque por los medios mejores plantear un proceso de consolidación, reivindicarse con cambios y transformaciones en positivos resultados. Entender que debemos ganar todos sus habitantes. Que no seamos más el reflejo de las maquinarias políticas, sino de una avanzada del voto de opinión a través de figuras alejadas de la política tradicional, escojamos un Mandatario que represente en mejor forma a la sociedad civil y favorezca esa reconciliación que tanto necesitamos.
Requerimos que los egos den su paso al costado y pensemos con seriedad y suficiencia en los cambios estructurales que nos debemos. Entender que tenemos que hacer la diferencia. Que importan e interesan visiones de largo plazo. Administración, gestión y gerencia. No dar más espacio al siempre inane, insignificante y fútil juego politiquero. Saber qué nos conciernen las rupturas que necesarias sean sobre temas que a nada conducen y focalizarnos de contera en los asuntos de mayor interés para los gobernados, como debe ser el manejo a cabalidad, pulcro y efectivo de los sagrados recursos públicos sin distraernos en dimes, diretes y eslóganes huecos de campaña.
Se trata que nuestra gente haga un alto en el camino, profundice respecto de lo que mejor sea para el departamento, se auto conquiste respecto de lo que superior sea para nuestra unidad territorial sin estigmatizaciones ni odios a través de una apuesta por la legalidad, el emprendimiento, la equidad y el apoyo irrestricto a los más más vulnerables con la generación de trabajo, la creación de empleos y su formalización, la lucha contra la informalidad, el apoyo a la inversión social, modernización de nuestra infraestructura, el ahorro y la revisión de toda circunstancia ineficiente. Es este un momento de cambio en el que la transparencia, los valores y la llegada al poder de nuevos referentes tengan peso específico.
Concierne apostarle a nuestra reconciliación. Darle una voz y un lugar en el poder a los menos favorecidos. Crear entre todos las condiciones y la capacidad de construirnos como sujetos y tener una palabra propia. Representarnos en una nueva política lejos de las maquinarias, los compromisos burocráticos, la dañosa y vulgar compra de votos. Interesa el empeño en la lucha frontal contra la corrupción como una realidad y una verdadera revolución de los valores para romper con esta política tradicional que nos ahoga y generar un verdadero cambio en la mentalidad de los magdalenenses, que fijarse deben desde la razón, en los ejes temáticos propuestos y sobre esa base, corresponder a conciencia camino a que se salde la deuda social que con ellos se tiene, a efecto de lograr mayores beneficios para todos.
Nos asiste el reto de darle vida y espacio a un proyecto equilibrado que permita superar la poderosa y potente polarización existente.
En nuestra manos está coadyuvar a la reivindicación y consolidación de un mejor departamento del Magdalena. No defraudemos.
*Jurista. Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario. Conferencista. Panelista. Columnista

