Por: Francisco Javier Vásquez Atencio*

Estemos claros en saber que gobernar no es controlar el debate público, sino tener resultados positivos en la administración de la cosa pública. No es con propaganda ni con difusores pagos que se demuestra la trasparencia y el avance de los gobiernos; sobre todo cuando lo que real y verdaderamente importa es jerarquizar problemáticas y prioridades, estudiar, analizar y reflexionar a fondo los temas estratégicos y no estar inmersos en improvisaciones que no conducen a puerto seguro, no aportan al buen gobierno, como tampoco al bienestar colectivo ningunas rentabilidades, cambios positivos ni valederas transformaciones.

Nada significativo se ha hecho aún para avanzar como unidad territorial con lo cual garantizarle a la ciudadanía que está bien y mejor representada. No tenemos proyectos alternativos de valía, carecemos de un serio marco programático presentable para llevar a cabo una buena administración, ni un plan de desarrollo que nos diga que vamos a avanzar por los cauces del integral progreso. No. Los problemas siguen ahí, crecen y se enredan día tras día de manera vertiginosa; y las respuestas, cuando llegan, aparecen gota a gota y de manera reactiva. La violencia y demás otros problemas neurálgicos siguen campantes su marcha triunfal.

Nuestros índices de crecimiento económico en caída libre, sus estimaciones no son las mejores, con ni siquiera una muestra de posible y modesto aleteo, aún en el escenario más optimista, que refiere dentro de sus proyecciones un nuevo cuatrienio perdido en lo económico. En ningún frente se registran buenas noticias. Los resultados, pobres en demasía, reclaman un diálogo abierto, franco, directo, responsable. Claman nuevos acuerdos y pactos, los cuales solo podrán edificarse sólidamente desde una visión plural, incluyente y representativa, de las voces más acreditadas y que al mismo tiempo son portadoras de reclamos y demandas legítimas.

El tiempo va. El modelo de gobierno que tenemos no nos llevará a ningún puerto seguro. Es esta una administración deficiente que no suficiente para resolver los problemas que acusamos. Se impone para que seamos salvos como departamento y nación, que cambiemos, que transformemos, que modifiquemos lo necesario como tabla de salvación o al menos así sea de tímido progreso, que aunque tímido, sea al fin y al cabo, progreso, cuyo desenvolvimiento debe aunarse a la afirmación de racionalidad y arraigarse en nuestra mentalidad y convertirse en esa fuerza poderosa que impulsa el desarrollo y procure el crecimiento económico, debiéndose tener en cuenta que debe existir antes que todo y primero que nada una preocupación real por la transformación de las condiciones sociales, políticas y culturales. francisco.vasquez.atencio75@gmail.com *Administrador de Empresas. Especializado y Master en Gerencia Social

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