Alfredo Leon Leyva -Ingeniero. Escritor. Columnista

Por: Alfredo León Leyva*

Flaca memoria digo a veces cuando los recuerdos acuden escasos, a medias diríase, y con pocos detalles que hacen que dudemos de lo que hemos vivido. Y en tales circunstancias evocamos quizá a la imaginación de gran parte del hecho que traemos al presente, sacando del recuerdo un cuadro equívoco y polisémico a la vez.

Nuestra juventud, bella toda ella, dejó ratos y momentos regulares, buenos, y malos; pero con acepciones circunstanciales miles que recordamos en blanco y negro y en colores. Así el aprendizaje nos llevó a conocer a unos y otros dentro del léxico de experiencias vividas, que formaron nuestro carácter con elecciones propias de gustos y disgustos; eso sí, el hogar fue el principal estadio para nuestra formación dentro del respeto a los valores que amoroso pero estricto, nos inculcaron nuestros padres y familiares mayores.

Y dentro de tan hermosos recuerdos, que hasta los no tan buenos nos parecen hoy, mucho tiempo después de haberlos superado, enfrentamos el contraste de aquellos sucesos antagónicos con los que se muestran hoy. Nos levantábamos a las 4 A.M, a las 5:30 esperábamos el bus del colegio, las horas de clase eran de 45 minutos y el profesor se despedía del aula 5 minutos después de cumplido el último de los 45 desde que había sonado la campana, mientras llegaba el siguiente maestro, ya que entonces había uno para cada materia; y era raro pero al final de ese tiempo, digo los 45: se sentía en el aula un murmullo, donde parecía que hablaba el pizarrón verde pintado en la pared de nuestro frente lleno de trazos desordenados de tiza blanca, dejado allí por el que se iba, y que el recién llegado maestro mandaría a borrar si no era que lo hacía él mismo. 

Teníamos biblioteca en el colegio que algunas veces poco visitábamos, pero aún los “troncos” jugaban fútbol y aspirábamos algún día a pertenecer a la banda de guerra del plantel.

Los “recreos”, ese tiempo de asueto de 15 minutos que no se si pensado lo crearon, pero que fue genial tal idea; en este corto tiempo íbamos a la tienda a comprar la gaseosa y la piñita, y en esos entonces ni la Coca Cola era mala, y menos el pan.   

Recargamos energía, y el tiempo del “recreo” nos alcanzaba para jugar al “TOMA TODO” escondido cerca al rincón de los baños; y en ese juego en que girábamos el pequeño trompo de seis caras donde traía inscrito: PON UNO, PON DOS, TODOS PONEN, TOMA UNO, TOMA DOS, TOMA TODO, y lo raro es que en lo particular solo me salía PON UNO Y PON DOS, y cuando tenía suerte me salía: TODOS PONEN. No recuerdo que me saliera una sola vez: TOMA TODO. Pero, a pesar qué así siempre fue, jugué persistente al TOMA TODO. Había un límite para jugar una ronda, y era máximo de diez participantes.

Otros que no cargaban con dinero para la merienda, o bien traían el recreo envuelto en una servilleta que hacía de lonchera, jugaban un mini encuentro de básquet o de voleibol en las respectivas canchas de cemento rodeadas en una parte de frondosos y verdes tréboles y robledales.   

Volvíamos al aula al reinicio de las clases, o sea a ponernos serios para el aprendizaje.

Es un mar de ondas que van del seno hasta bien debajo de la sinuosidad de la cresta de la ola, los recuerdos de esa bella época en donde el nombre de muchos de los compañeros vienen y van de mi memoria, con los que compartí clases, recreos, discusiones, peleas de a puño; con los que jugué futbol, básquet, voleibol; con los que hice gimnasia en las barras, con los que competí en atletismo, con los que me escapé a la Quinta de San Pedro Alejandrino, con los que monte en boya en el río de Bonda; en fin todos con los que compartí siquiera un año de estudio en primaria y bachillerato, que aún no olvido. Puedo hoy afirmar, que no me sucede así con los compañeros que conocí en la universidad. 

Muchos están en el recuerdo porque su tiempo en este mundo acabó, pero los que están aún viven presente y les recuerdo con gran nostalgia, aunque no los vea frecuentemente. 

Compañeros, uno de ésos que permanece en el cofre de mi corazón dice frecuentemente: SE LES QUIERE A TODOS; y eso mismo digo yo con la palabra que procede de mi corazón.

Para todos los que viven en mi recuerdo, allá en el infinito; y para los que aún saben de mí, gracias doy a la vida por haber sido y ser aun mis compañeros de colegio. Dios les bendiga a todos.

 *Ingeniero. Escritor. Analista. Columnista

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