Por Enrique Herrera Araújo

@enriqueha

En las elecciones presidenciales del 2018 el centro político no existió como opción real de poder. La presidencia se debatió en los extremos, en la izquierda o en la derecha estaba el futuro presidente . Luego Duque sumó, para la segunda vuelta, a los electores que votan “en contra”, en este caso, de Petro. El centro no estaba de moda. La ponderación ni la moderación tampoco. Eran las épocas de la polarización; el péndulo electoral se columpiaba entre Petro y Uribe, entre la izquierda dura y pura y la derecha.

Ganó Duque. Colombia no da, con facilidad, pasos al vacío. Y con Petro se arrojaba al pantano.  La gente se lanza al vacío cuando está desesperada, angustiada o mamada de lo que hay o abrumada ante la incertidumbre. No lo hace cuando el país está en la senda de la recuperación y estabilización. Colombia está ad-portas de la esperanza.

El escenario preelectoral está comenzando a mostrar tres bloques. El de la izquierda, el del centro y el de la derecha. El centro está en boga y de ahí puede emerger una Ola. Pero ello no se da por generación espontánea. Requiere trabajo, estrategia, hechos.   Y un hecho político en esa dirección fue el lanzamiento de Alejandro Gaviria.

Ahora bien, el reto del centro es crear su ola tal cual como una vez nació la Ola Verde de Mockus. Ese es su desafío. La decisión del partido verde si no se rompe, si no implota, de irse por esa vía ayudaría en ese sentido. Son hechos políticos que pueden, si son inteligentes, apuntar a lo mismo. A la bola de nieve que, con cada vuelta, crece y crece.   Y la #CoalicióndelaEsperanza sería el vehículo para qué, en primera vuelta, el centro escoja en la consulta de marzo el candidato único para mayo. He ahí el camino.  He ahí la cuestión, ¿ser o no ser? fue la pregunta existencial en Hamlet. Y sé es en la # CoalicióndelaEsperanza. Por fuera de ella, no sé es. 

Nadie, ni Supermán llega solo al Palacio de Nariño, se requieren alianzas, coaliciones.

Y he ahí un punto flaco de Petro, está muy solo, no forma colectivos por su personalidad mesiánica y egocéntrica; y el paro, las movilizaciones y los bloqueos que derivaron en vandalismo fueron y serán el peor enemigo de Petro porque lo desgasta, los estigmatiza, lo desnuda. Es su mácula.

Por los lados de la derecha -el otro bloque-  con un Uribe ya desgastado y un gobierno de Duque desafortunado, se unirán, con desgano, el Centro Democrático, los alcaldes candidatos, los conservadores y los cristianos. Pero hay algo nuevo. El factor cohesionador que antes era  Uribe esta vez no será así porque el expresidente ya no tiene el apoyo, ni la popularidad, ni el arrastre ni la carta para poner presidente “el que diga Uribe” ni para edificar la alianza de la  derecha. Será algo pegado con babas.

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