Juvenal Infante- Economista. Analista Internacional

Por: Juvenal Infante*

Que a nadie le notifiquen el remate de la casa donde crió a sus hijos y que todavía visitan sus nietos.

El avalúo de una casa puede crecer mucho más que la pensión de su propietario. Muchos ciudadanos mayores lo sufren en Colombia. Figuran como personas con patrimonio, aunque sus ingresos pueden resultar insuficientes para pagar lo que se les cobra de predial.

Por eso propuse hace algún tiempo un Estatuto del Ciudadano Mayor. Su fundamento es humanizar la relación del Estado con quienes dedicaron gran parte de su vida al trabajo y al cuidado de los suyos. Me interesa reunir información, estudiar su viabilidad y precisar los principios que deberían orientarlo.

La casa es el punto de partida. Puede ser el resultado de toda una vida de trabajo. En ella se criaron los hijos, se recibieron los nietos y se guardan recuerdos de varias generaciones. Perderla significa quedarse sin el lugar donde la familia todavía se reúne.

El ciudadano mayor conserva plenamente su condición de sujeto de derechos. Una vida de trabajo y de aportes merece respetuoso reconocimiento y beneficios bien ganados. Sus convicciones políticas o su posición económica jamás deberían determinar el respeto que recibe. Todos avanzamos hacia esa etapa, y el trato que demos hoy compromete nuestro propio futuro.

La vivienda única y habitual ocupa el centro de la propuesta. Habría que estudiar alivios graduales del predial y una protección reforzada para las edades más avanzadas, que comprenda posibles exenciones, el tratamiento de las deudas pendientes, los intereses y las garantías de permanencia frente a procesos de cobro. El alcance se limitaría a la residencia permanente. Locales, segundas viviendas e inmuebles de renta seguirían en el régimen ordinario.

Con los años disminuyen las posibilidades de recomponer el patrimonio después de una pérdida. A eso se suma la amenaza de embargo y remate: cada notificación de cobro renueva el temor de perder el hogar. Vender para pagar es desbaratarlo, dejar a los vecinos, aprender a orientarse en un barrio desconocido. A esa edad, rehacer la vida puede resultar mucho más difícil. El daño moral comienza mucho antes de que se pierda la casa.

El alivio debe medirse por la posibilidad efectiva de conservarla. Un descuento condicionado a pagar sumas que siguen fuera de su alcance deja intacta la amenaza.

Hay antecedentes. En Italia, la prima casa cuenta con beneficios fiscales para su adquisición. Además, la residencia principal, salvo ciertas categorías de lujo, está exenta del impuesto municipal sobre inmuebles.

Perú permite deducciones de la base gravable del predial para personas mayores. Ecuador contempla exoneraciones y Chile rebajas del cincuenta o del ciento por ciento de las contribuciones. Estos regímenes establecen requisitos de edad, ingresos o patrimonio. Texas permite a propietarios desde los sesenta y cinco años aplazar el pago y suspender el cobro judicial del predial sobre su vivienda habitual. La deuda subsiste, pero se protege la permanencia en el hogar.

Colombia debe estudiar su propia fórmula. Falta calcular cuántos hogares se beneficiarían, cuánto costaría y qué instrumentos jurídicos permitirían aplicarla, respetando la autonomía territorial. El Estatuto abarca además alivios en servicios esenciales y salud, accesibilidad y atención preferente, capítulos que exigen estudio y escuchar a los propios mayores.

Como militante de Defensores de la Patria, presento esta idea a mi partido para que impulse su estudio y enriquezca la propuesta. Encuentro en ella una expresión concreta de la justicia social que promueve el presidente Abelardo De la Espriella.

Un congresista o una bancada podría convocar a universidades y autoridades territoriales y conducir su eventual trámite legislativo. El Gobierno puede contribuir con información y apoyo técnico. Hay trabajo por desarrollar y espacio para ejercer ese liderazgo.

Que a nadie le notifiquen el remate de la casa donde crió a sus hijos y que todavía visitan sus nietos.

*Economista. Analista Internacional. Docente Universitario. Designado Embajador de Colombia en la República Popular China. Columnista

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