Por: Anny Margarita Herrera Villa*
Nosotros como país, todo el año de todos los años en todas y cada una de nuestras regiones y sin excepción, tenemos riquezas culturales por montones, lo que debe permitirnos no seguir siendo miopes ni torpes económicamente hablando, y en cambio si creer que la productividad generada por la cultura es permanente. Nuestras múltiples fiestas populares, hacer y quehacer cultural de bordadores, floristas, tejedores, diseñadores, cocineros, productores audiovisuales, pintores, joyeros artesanos, músicos, innovan permanentemente, producen verdaderas obras de arte, reinventan y se reinventan con una disciplina admirable de quien sabe que tiene que hacerlo para seguir triunfando como bien nos consta., al tiempo de formar una gigantesca cadena de valor, lo que en economía tiene nombre y ese conglomerado creativo y productivo es la economía naranja o creativa que así muestra su mejor estado.
Es la economía naranja o creativa por definición, el conjunto de actividades que transforman ideas y conocimientos en bienes y servicios de valor cultural, artístico e intelectual, cuyas características principales son la propiedad intelectual, la innovación constante y el impacto social y económico, y está aunada a sectores tales como las artes y el patrimonio (música, teatro, danza, artes visuales, museos y festivales), industrias culturales y creativas (cine, televisión, radio, editorial, videojuegos y animación); y, los servicios creativos (diseño, moda, arquitectura, publicidad y gastronomía).
En todo lo cual poseemos como país una gran riqueza, probablemente nuestra mayor industria creativa con ventajas extraordinarias, y por cuanto además la identidad no se importa en contenedores, sino que3 se construye paso a paso durante generaciones y sobre la base del capital humano local. Es un todo que bien puede constituir una obra maestra de economía institucional, en la que familias enteras pueden realizar inversiones privadas para producir confianza, prestigio, cooperación y cohesión social, eso que los economistas llaman capital social. Es entender intuitivamente que una comunidad funciona cuando todos terminan subiéndose a la misma barca. Y aunque no vamos con ello a resolver de plano el déficit fiscal, ya que la macroeconomía seguirá siendo macroeconomía, no es menos cierto que las ciudades más exitosas del mundo integraron economía y cultura. Tenemos, además de minería, servicios financieros, colegios y universidades de enorme prestigio, gastronomía, turismo, comercio y un patrimonio cultural extraordinario, hay que dejarlos de pensar como islas, ya que la verdadera riqueza aparece cuando todo se integra con todo; esto es, diseñadores, artesanos, investigación académica, bordadores, operadores de turismo, tecnología, músicos, gastronomía, productor rural y las regiones administrando más allá de lo elemental, que es lo que la política pública ha hecho exactamente, ha pasado de largo frente al que bien puede ser uno de los mayores activos económico que las unidades territoriales poseen.
Las fiestas no son solo alegría. Es productividad en cada paso. Es innovación. Es identidad hecha con sudor de alma. Es empleo que se goza. Es exportación que enorgullece. Es forma profunda de producir riqueza. Es estrategia de desarrollo a la que deben sumarse todas nuestras manifestaciones culturales.
*Ingeniera Industrial. Especializada en Proyectos de Desarrollo

