Por: José Guillermo Claros Penna*
Sabemos todos, lo que no es secreto para nadie, que como país atravesamos un momento que trasciende lo coyuntural; de ahí que en distintos ámbitos del diálogo político y económico en lo municipal, departamental, regional, nacional, foros multilaterales, encuentros y reuniones con actores públicos y privados, se repita la percepción que el Caquetá en todas sus partes y especificidades debe mirarse y observarse con nuevos ojos, de una manera distinta, a efecto de proyectarlo apropiadamente, como debe ser, de conformidad con sus particularidades y propias realidades, necesidades y prioridades, lo que debe dar pie a atenciones, expectativas y a una lectura compartida para abrirse a las oportunidades que sean para así marcar un punto de inflexión, actuando siempre con conocimiento, visión y profundidad en contextos diversos, agendas distintas y miradas plurales.
No se trata de avanzar por avanzar, de un relato construido hacia adentro ni de una apreciación circunstancial, sino desde percepciones universales formuladas por actores que nos analicen desde criterios de estabilidad, previsibilidad, confianza institucional y proyección económica. Que se nos entre a reconocer por lo que hagamos bien y mejor en dirección a estructurar un mejor cambio en el clima político e institucional y una expectativa compartida respecto que el departamento de Caquetá bien puede avanzar hacia una etapa mejor si las decisiones que se adopten responden a la magnitud del momento histórico que vivimos.
Es este un reconocimiento relevante y, al mismo tiempo, exigente. Las oportunidades no se sostienen por inercia. La confianza se construye con señales claras, con reformas bien orientadas y con una visión estratégica que piense el desarrollo del departamento más allá del corto plazo, por lo que debemos darnos a la tarea de atender y disponernos a acompañar un proceso en positivo de cambio y transformación sostenible, lo que implica una alta responsabilidad política e institucional.
Es este un momento para que todos actuemos en esa dirección, especialmente a quienes ejercen responsabilidades públicas, en la clara y contundente afirmación que la política debemos entenderla como como herramienta, como palanca para alcanzar las grandes transformaciones, por lo que debe estar a la altura de las circunstancias, priorizar acuerdos, fortalecer instituciones y generar condiciones que permitan convertir expectativas en resultados concretos. La oportunidad no es abstracta, puesto que se expresa en inversión, cooperación, integración a todo nivel y en las más de las áreas, lo mismo que con mayor previsibilidad para el desarrollo.
El reto es cruzar el abismo sin improvisación ni apresuramiento, sino con claridad de rumbo, dado que los procesos de cambio reales no se consolidan con ajustes marginales ni con soluciones parciales, sino con decisiones profundas, coherentes y asumidas con responsabilidad, razón por la que tenemos que asomarnos a la ventana de las oportunidades, a contextos y miradas regionales, nacionales e internacionales. Aprovechar el tiempo, exigirnos en compromisos y determinaciones para consolidar un cambio de visión, fortalecer la institucionalidad democrática y generar condiciones sostenibles de estabilidad y crecimiento. Las señales están dadas, el momento es ahora, y el salto debe ser firme y consciente por el desafío histórico que tenemos por delante. Ese es el integral reto del momento y es nuestra responsabilidad estar a la altura de la oportunidad que hoy tenemos como departamento. Caquetá avante siempre.
*Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado. Master en Derecho Público. Candidato a Doctor en Derecho. Columnista

