JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO- periodista y abogado

Por: José Manuel Herrera Brito.

El ejercicio del poder, en lo que todos concuerdan, es la razón de ser de la política, puesto que es lo que la habilita. Sin poder efectivo, la política se vuelve enunciativa en el mejor de los casos y lírica, en el peor de ellos. Pierde sentido porque solo existe en el discurso, no en los hechos, interregno este donde el poder dominante, buen afirma respetados analistas, académicos y politólogos, se vuelve vulnerable y comienzan a articularse propuestas alternativas que se alimentan precisamente de ese vacío: un espacio marcado por la ausencia, la dilapidación o el abandono del poder, ya sea por diseño o por indecisión.

No obstante y pese al uso tardío, tímido e ineficiente del poder, importa bajo toda situación el renacer político del país, consolidar un nuevo y mejor país, donde las directrices políticas pasen de un entorno autoritario y sin rumbo a otro más participativo donde principal sea refundarnos institucionalmente, es emerger un nuevo Estado que avance con visión determinista, ordenada, sin empantanamiento estructural, sin indefiniciones, imprecisiones, imprevisiones ni improvisaciones, sino un Estado como nueva fuerza dominante.

Tiene que tejerse desde el poder y sin aplazamientos una grande como sostenida estrategia con vitalidad propia que permita impulsarnos, potenciarnos, acordar lo que menester sea en camino de los fundamentales acuerdos que requerimos, al tiempo que se articule el enfoque multidimensional del Ejecutivo y materializado se vea en la política real, a efecto que toda perspectiva se torne estable, hacer que se controle y ejerza plenamente el poder, se superen las crisis que parecieran crónicas y no encuentran de momento solución dado el profundo escepticismo hacia políticos e instituciones, en lo que ayudará que el Ejecutivo coopte sectores estratégicos destripando todo lo que inconveniente es en contra de consolidar los intereses superiores de la patria.

El país no está para métodos fallidos sino para poner a tope su capacidad de ejecución, así como la cooptación efectiva, misma que requiere voluntad, estrategia y la construcción activa de un nuevo sentido común; no simplemente administrar la decadencia evidenciada en el anterior gobierno, sino liderar en positivo y sin torpezas, cambios y transformaciones. Entenderse y comprenderse debe que necesitamos de manera importante y con urgencia suma, victorias de gestión tempranas, no victorias pírricas, ni treguas obtenidas a costos gigantescos, pagados por los ciudadanos de las ciudades asediadas por el descontrol del orden público y por la inacción de un gobierno que terminó trasladando irresponsablemente la cuenta de la crisis, por lo que no podemos como país confundir opacidad con estrategia ni inacción con prudencia, ya que ello demostraría que al gobierno solo le quedaría administrar percepciones y claudicar por ende en su ejercicio de la autoridad que le asiste, lo que genera incertidumbre basada en relatos contradictorios y en una creciente desconexión discurso / realidad y no se puede, menos hoy que  nunca, caer desde el poder en un vacío de credibilidad. saramara7@gmail.com

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