Por: José Guillermo Claros Penna*
Vamos a enfrentar casi que con relativa inmediatez, ya surtido el debate presidencial que eligió al jurista Abelardo de la Espriella y a su fórmula Vice presidencial, José Maqnuel Restrepo, la justa electiva que nos llevará a elegir Gobernador, Diputados, Alcaldes, Concejales y ediles, ojalá de la mejor forma y manera posible en beneficio territorial, lejos de aberraciones, insultos e incoherencias permanentes, lo que hace necesario y pertinente que sea este tiempo propicio por demás para darle oportunidad a jóvenes políticos en la vida municipal y departamental, que asomarse deben debidamente preparados y no como vemos y tenemos que padecerlos sin condiciones de valía, cuando lo requerido son líderes, dirigentes, mandatarios con las actitudes mejores y no como dicho está, hemos tenido que soportarlos, carentes totales de preparación académica, política, cultural y sin respuesta coherentes a los mil y más retos, responsabilidades y compromisos que implica llegar o mantenerse en las instancias administrativas públicas.
Se ha dicho muchas veces con certera propiedad, y demostrado está, que una juventud sin formación no es renovación, sino simplemente una improvisación, imprevisión e impresión más que peligrosa e irresponsable, aseveración verdadera lo cual, toda vez que cualquier gestión o emprendimiento se valora y se reconoce por los resultados. Puede haber jóvenes, y de hecho los hay, que incursionan en la política de manera auspiciosa, no solamente para ellos sino también para la democracia; sin embargo, los más, léase bien, muestran sus ideas y actitudes propias de un pasado negativo y tormentoso que privilegia el odio, la confrontación, el revanchismo y son de plano incapaces de dialogar o de buscar consensos, acuerdos y, por tanto, se tornan más que nocivos para pensar y proyectar un mejor porvenir para nuestras unidades territoriales.
Jóvenes que están o llegan a la arena política plagados de contradicciones e incoherencias, aludiendo saberes que no tienen, sin respetar las reglas de juego estipuladas en la Carta Magna y normatividad existente, con una serie de actitudes fuera de foco y de todo orden que resultaría largo enumerar, como lo han demostrado vividas experiencias. Llegan y no cumplen en absoluto su papel primordial como políticos nuevos, perdiendo más temprano que tarde credibilidad y total protagonismo político, quedándose sin ninguna fuerza y de paso traicionando la confianza en ellos depositada, perjudicando igualmente el buen suceso político y administrativo público que de ellos se esperaba, lo que los convierte en aves de corto vuelo, en flores de un día.
Demuestran con el correr de los días, además de no saber nada de nada respecto del manejo de la cosa pública y de la defensa de los intereses superiores de la comunidad, que parecieran ir solo tras las componendas y las canonjías que de tales procederes se derivan, lo que determina su caída por sus propios errores y su auto destrucción, por lo que día tras día crece para ellos el rechazo ciudadano y en consecuencia, se prevén como merecidos grandes perdedores, así intenten alianzas desesperadas y hasta improvisadas que no les permite el logro ni la consolidación de su propio porvenir político.Incursionar en el siempre complejo terreno de la política requiere preparación, fortaleza mental, altas miras, nobleza, pensar en grande, grandeza, desprendimiento, altruismo, espíritu elevado, porque tras los aplausos o el éxito coyuntural que logran alcanzar de cuando en cuando, muchas veces viene el fracaso y el ocaso de los nuevos en política.
*Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado. Master en Derecho Público. Candidato a Doctor en Derecho. Columnista

