JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO- periodista y abogado

Por: José Manuel Herrera Brito.

Colombia se arropó de decencia, aspecto mismo que no debe ser a futuro una simple alternancia democrática, sino de manera consciente camino a seguir. En las pasadas justas electivas se dió un viraje profundo y acelerado hacia una derecha que aspiramos y esperamos se fortalezca, robustezca y consolide graníticamente en cada proceso eleccionario por venir, a efecto de no seguir padeciendo como en el cuatrienio enhorabuena a punto de culminar, plagado de improvisaciones, incertidumbres, desasosiegos y un largo etcétera de calamidades.

El triunfo de Abelardo de la Espriella, en las pasadas  elecciones presidenciales y la confirmación de Keik Fujimori en el Perú, son claras señales en general de dos países y de una Latinoamérica, que parecen haber llegado al límite de su paciencia con los absurdos experimentos de una izquierda inoficiosa, hueca, vacía, sin ideas, insustancial, generadora de evidente hartazgo social, que por fortuna está determinando por completo y para bien la reconfiguración regional.

El desplome de la izquierda colombiana y peruana es un fiel reflejo de cómo un proyecto político puede estallar bajo el peso de sus propios errores. Tanto Petro Urrego como Balcázar Zelada,  dejan una herencia plena de escándalos de corrupción y toda clase de desaciertos que sus delfines políticos, Iván Cepeda y Roberto Sánchez, lo pagaron en las urnas, no obstante, las mil y más artimañas y patrañas de las que se valieron para que lo cual no ocurriera.

En nuestro caso, las acusaciones y evidencias que por fortuna minaron la credibilidad de quien nunca debió llegar al Solio Bolivar, son demoledoras; desde los contundentes señalamientos de su propio hijo sobre presuntos financiamientos del narcotráfico en su campaña electoral, pasando por agudas crisis de gobernabilidad interna, hasta un más que errático manejo de las relaciones exteriores. Desgastes que no son exclusivos de nuestro país,  sino resultado en Latinoamérica de un síntoma generalizado de fatiga social frente a administraciones de izquierda que, lejos de cumplir sus promesas de equidad, han terminado por empobrecer a sus sociedades, hasta el punto de abocarlas a abisales profundidades, dado que la máxima de sus gestiones se ha reducido a la implementación de programas asistenciales que carecen tanto de propósitos productivos como de trascendencias a largo plazo; igual, subsidios que de pronto alivianan día a día, pero no generan desarrollo cierto ni sacan a la población marginada de Pocos la vulnerabilidad.

Pocos gobiernos de izquierda van quedando a Dios gracia. Sus baluartes tradicionales hoy en la región son contados mínimamente y su bloque radical sufre su peor momento. Cuba y Nicaragua se engullen en el aislamiento y Venezuela en interinidad. Los llamados moderados por su parte, Brasil, Uruguay y México, a duras penas les da para resistir los embates y presiones de Donald Trump, quien utiliza como ariete la lucha contra el narcotráfico y las revisiones comerciales como las del T-MEC, escenario en el que la Casa Blanca ha sabido jugar sus cartas mediante el anunciado y denominado “Escudo de las Américas”, bajo la consigna de combatir la migración irregular y los carteles de la droga, en lo que el presidente norteamericano ha desplegado un agresivo plan para recuperar el terreno geopolítico que los Estados Unidos descuidara durante decenios, falencia que China aprovecho con grande habilidad.

Concepción ideológica la referida, con la que Estados Unidos alinea en sus filas a El Salvador, Argentina, Ecuador, Costa Rica, Chile, Honduras, Paraguay y, de forma y plazo inminente, sumará a Colombia y Perú, país que con la llegada de Keiko Fujimori al poder tras cuatro intentos y en medio de un crónico laberinto político de inestabilidad, quedaremos prácticamente blindada por la derecha. La izquierda latinoamericana está hoy en cuidados intensivos, quedando como grande pregunta si esta nueva derecha logrará construir un modelo de desarrollo sostenible o contrariamente terminará siendo víctima de las altísimas expectativas de una región históricamente insatisfecha. De mi parte, y todo así lo indica, creo que sí será capaz esta nueva derecha de construir ese modelo con visión de largo plazo qye tanta falta nos hace y requerimos en manera importante y urgente. saramara7@gmail.com 

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *