Por: Alfredo León Leyva*
El mal que no contemplamos en la juventud, de pronto, apareció como gigante Nefilim para los nacidos en los años cincuenta y sesenta de los 1900; quienes fuimos sorprendidos por ese inocente alemán con que bautizaron a esa bestia llamada Alzheimer.
Mal de males, pero ya desde los años sesenta oíamos: “TONGO LE DIO A BORONDONGO, BORONDONGO LE DIO A BERNABE, BERNABE LE PEGÓ A MOCHILANGA, LE DIO A BURUNDANGA Y LE HINCHA LOS PIES”, en la melodiosa voz de una negra bella conocida como Celia; y repetían también todos por esta época, el tema parroquial del NEGRO BEMBÓN que lo había matado un negro criminal. Al preguntarle de por qué había matado al Negro Bembón, dijo: YO LO MATÉ POR BEMBON. Y solo cuando el asesino dijo por qué, fue cuando se dio cuenta el policía, que él también era BEMBÓN.
Entonces el trio Matamoros que eran cuatro, nos pusieron a pensar cuando llamaron GATO a uno de ellos, y entonces dijeron: EL GATO CAZA AL RATON, EL RATÓN SE COME EL QUESO, EL QUESO LO DA LA LECHE, LA LECHE LA DA LA VACA, LA VACA TIENE DOS CACHOS. AY, AY, Y POR DECIRME GATO, TE VOY A MATAR.
Sí, era un ejercicio útil para la mente, pero no lo sabíamos; los diseños de terapias de juegos y ejercicios lingüísticos solo servían, creíamos nosotros, solo para mamar gayo. Y CUTUPLATUPLÁ, fácil reencarnábamos como cuero de tambor para recibir golpes, o como mujer pretendida por el negro y feo MARTIN QUIÑONEZ, el amigo de Cortijo, y de andanzas con el flaco Pellín Rodríguez que expresaba a todo pulmón: OH, OH, OH: MAQUINO LANDERA…
Ah, y lo de “AQUELLA VECINITA DE ENFRENTE QUE NUEVAMENTE SE HA FIJADO, CÓMO CAMINA LA GENTE CUANDO SALE PA´ EL MERCADO”: “LA MUJER DE ANTONIO CAMINA ASÍ, CUANDO SALE PA´ EL MERCADO”, que causó sorpresa en la época; pues, realmente la mujer de Antonio era un HEMBRO torpe, pero que vestía de mujer; y por eso caminaba así: “mostrenca”, en las zapatillas de tacones altos. Entonces no había +Q. ¡Y qué carajo! Menos había entonces LGBTI.
Eran tiempos en que los crucigramas eran escasos, y ni qué decir del Sudoku, sopas de letras, juegos de números, etc., que pudieran ayudar como sucedió en los sesenta, cuando ya los afectados y atacados por aquella bestia silenciosa alemana, que minaba a nuestros mayores amados que nos habían querido mucho, pero que de pronto: ya ni nos conocían.
Pero preocupante aquello que aún no entendíamos, si es que ahora lo entendemos, a pesar que el progreso científico hablaba de tratamientos, no recuerdo ver uno de aquellos afectados sanados. En ellos, la meta parecía estar en frente al alcance de su nariz. Ta cerca como de repente.
La vida es ese mar de milagros que atravesamos de a diario, y nuevamente la música nos trajo métodos populares y baratos para ejercer con esperanzas la cura de aquel mal que ya no parecía raro, sino muy común; y fue allí, cuando se pusieron de moda el empleo de los trabalenguas, en busca de agilizar la memoria para que no se perdiera. Y entonces un grupo llamado “Los corraleros el majagual”, nos trajeron: JAPÁ, JÍPI JÓPO/; JOPÓ, JÍPI JÁPA/. JÍPI JÁPA, JÍPI JÓPO, JÍPI JÓPO, JÍPI JÁPA.
La técnica consiste en repetir cada vez más rápido la estrofa final del trabalenguas (ojo con la acentuación). Hay testimonios que dicen conocer de la mejoría de las personas afectadas, al menos en los inicios del ataque de la bestia.
No sé si lo tomen como una receta casera para prevenir la llegada del alemán, pero en mi caso particular, confieso, me ha causado gran dificultad en repetir cada vez a mayor velocidad, al menos la parte que dice: JÍPI JÁPA, JÍPI JÓPO, JÍPI JÓPO, JÍPI JÁPA. Si logras repetir esto a una velocidad constante y sin equivocarte, esa bestia se alejará de ti.
*Ingeniero. Analista. Columnista

