Por: José Manuel Herrera Villa*
La economía creativa, por mucho tiempo ausente en los programas académicos, en los que ni siquiera era asignatura optativa, revelabas una distancia que lleva a que careciéramos de un espacio formal para integrar las artes y la economía, siendo aún reto que de una u otra forma persiste.
¿Qué es la economía creativa y por qué plantear su inclusión como asignatura en las universidades? Es esta un área de la economía cuyo centro de análisis son los bienes y servicios generados con la creatividad como insumo principal. Esta producción tiene un valor funcional, pero también posee un alto valor simbólico por su carga creativa, innovadora y/o identitaria. Esta economía abarca industrias creativas y culturales, sus cadenas de valor, generación de empleos, comercio exterior o políticas públicas a partir de la creatividad. Regresando a la anécdota, la economía creativa es el espacio en el que, tanto la estudiante como la docente, habrían logrado el match que estaban buscando. Desde esta perspectiva, ambas podrían haber diseñado planes de negocios para la industria de la música o estudiado el comportamiento del consumidor de artes escénicas con un modelo econométrico.
De ahí que entra a entender que la economía y la creatividad se complementan es reconocer una necesidad latente. En el país tenemos una amplia población de creativos que se mueven en distintas industrias. Su producción es una contribución para el crecimiento económico. Lo complejo está cuando queremos saber quiénes son, cuántos son, en qué regiones están o cuál es su aporte al Producto Interno Bruto – PIB.
Resultado de lo cual es que muchos de estos cuestionamientos quedan en el aire esperando respuestas oportunas. Por un lado, tenemos a las entidades gubernamentales que aún no se han interesado por generar data sobre el sector creativo. Este descuido invisibiliza a las industrias creativas en el mapa de actores envueltos en los círculos del desarrollo productivo. Lo que no se ve, no se conoce. Ante este escenario complejo, las mallas curriculares han preferido todavía no hacerlo. Una decisión que debería tomar un rumbo distinto.
Se impone en consecuencia que incorporar efectivamente la economía creativa en las aulas universitarias puede sumar visión de futuro a las carreras empresariales. Dar este paso, diversificará el perfil profesional de los estudiantes para insertarse en un área que tiende puentes entre lo económico, lo creativo y lo cultural. Paralelamente, fomentar la investigación en economía creativa responde a ese desconocimiento y poca visibilidad del sector creativo. Es desde la creación de conocimiento que se pueden llenar estos vacíos para que se comience a hablar de la clase creativa colombiana.
Es de tenerse en cuenta que el desarrollo económico no solamente se define en la industria extractiva o los mercados financieros, toda vez que es dable impulsarlo desde los escenarios, estudios de grabación, talleres de diseño o expresiones folklóricas. En este sentido, es necesario que la educación universitaria responda a un nuevo contexto, donde los jóvenes crean desde la innovación y desde su identidad, buscando ese encuentro entre economía y creatividad que desde hace ya algún tiempo desea encontrar su propios camino, lo que obliga generar investigación académica en el área de la economía creativa con el hacer étnico y cultural, espacios clave e importantes en mucho para nuestro crecimiento económico desde la inclusión social.
*Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Proyectos de Desarrollo

