Por: Saúl Alfonso Herrera Vengoechea*
La juventud, sostienen calificados expertos universales a tono con el mundo de hoy, es un concepto relacional que adquiere sentido en la correspondencia e interacción con todo lo que refiere género, etnias y clase social; es históricamente construida puesto que los contextos social, económico y político configuran características concretas sobre el vivir y percibir lo joven; es situacional ya que responde a contextos concretos bien definidos; está constituida tanto por “hétero-representaciones” elaboradas por agentes o instituciones sociales externos a los jóvenes, como por autopercepciones de los mismos jóvenes; se construye en relaciones de poder definidas por condiciones de dominación, centralidad o periferia, en las que se dan procesos complejos de complementariedad, rechazo, superposición o negación; y, se produce tanto en lo cotidiano en ámbitos íntimos como los barrios, la escuela y el trabajo, como en lo “imaginado” en comunidades de referencia como la música, los estilos y la internet.
Por todo lo expuesto, conviene que se observe a fondo y hasta con preocupación en sentir de algunos científicos sociales, a los jóvenes, con el fin de entender lo que según analistas de la psicología y demás otras vertientes de la ciencia, no se logra dimensionar por parecer distantes, confusas, ajenas, dadas su expresiones coloquiales en sus actividades, grupos y tendencias que emplean para comunicar o expresar lo que son, piensan, sienten, buscan y, en ocasiones, de lo que carecen y desean.
Importante es también y por lo tanto entender, que los jóvenes son mucho más que maneras de hablar, formas de comportarse o modos de vestirse, pero generalmente sólo eso se tiene en cuenta cuando se piensa en ellos. Este desconocimiento o estereotipación obliga a buscar información que permita entender quiénes son, qué piensan, cómo viven, qué hacen y por qué lo hacen, lo que lleva, dada la complejidad y amplitud del tema, que esta reflexión dentro de muchas otras que son de obligada convergencia, sólo cubrirá algunas cuestiones sobre el concepto de juventud, ciertas perspectivas empleadas para acercarse a lo juvenil, algunas dificultades y retos que viven los jóvenes de hoy y maneras posibles para empoderarnos.
En síntesis, poder ver más allá de las maneras de hablar y las formas de comportarse de los jóvenes implica entender qué los define, conocer perspectivas a través de las cuales dimensionarnos y resignificar las problemáticas y los retos que nos rodean. Sin importar el enfoque, la definición de juventud no se debe restringir a una etapa de desarrollo físico, cognitivo o social, o a un posicionamiento histórico y cultural. Debe poder incluir las diferentes variables, cuestiones y factores que la constituyen y la configuran no tan sólo como una etapa de socialización sino como un periodo de construcción de subjetividad, regulación del comportamiento y desarrollo de habilidades para cumplir con los papeles y campos sociales propios de la vida adulta, ya que al definir la juventud, sus problemas y desafíos es, en gran medida, una acción política y simbólica.
La adolescencia y la juventud son etapas del desarrollo que van más allá de una simple selección de ciertas realidades naturales, sociales, culturales, históricas y políticas. Se trata de una estructuración de la percepción de la realidad a partir de un sistema de categorías impuesto veladamente por ciertos actores o grupos, según sus intereses o necesidades.; situación ante la cual a los jóvenes deben dejar de verse como conejillos de indias, como objetos de tratamiento o de intervención, y asumirlos como actores y participantes que deben poder actuar y decidir antes las situaciones que afectan y restringen su bienestar y desarrollo, lo que indica que toda acción al respecto debe tenernos en cuenta y no decidir por nosotros como normalmente se hace.
¿Qué pasa entonces hoy con nosotros? La respuesta debe ser una reflexión sobre cómo fortalecer y ampliar su poder y toma de decisiones en y sobre situaciones y procesos que los forman y los conforman.
*Estudiante de Décimo Grado de Bachillerato. Colegio Cristiano La Esperanza. Columnista

