Profesional en Cine y Televisión. Especializada en Marketing. Poetisa. Premio Nacional Tayrona de Poesía. Columnista

Por: María Victoria Bayter Bechara*

Antes, cada 4 de febrero, veía los lazos y los mensajes del Día Mundial Contra el Cáncer como algo lejano. La palabra «cáncer» no tenía eco en mi vida; era una estadística, un recordatorio anual de una lucha que no era la mía. Pero hoy, este día me atraviesa el pecho de una forma distinta.

Hoy entiendo que esta fecha no es solo para las cifras, sino para las historias reales como la nuestra. El cáncer dejó de ser una palabra vacía para convertirse en uno de los retos más grandes de nuestras vidas. Me duele ver a mi hermano hoy en una cama por culpa de esta enfermedad, pero me asombra ver que no ha podido quitarle la esencia.

En este Día Mundial contra el Cáncer, mi mensaje no es solo de lucha, sino de presencia. He aprendido que cuando el cuerpo se detiene, el amor se pone en marcha. Si tus piernas no pueden andar, las mías lo harán por los dos. Si el camino se vuelve pesado, aquí estoy para ser tu apoyo, tu motor y tu fuerza.

Este proceso me ha enseñado que el cáncer intenta aislarnos, pero el amor nos conecta más que nunca. También he aprendido algo sagrado: caminar no solo es mover los pies. Estamos caminando de una manera distinta. Caminamos con las palabras que compartimos cuando el mundo se queda en silencio. Caminamos con la paciencia de los días lentos. Caminamos cada vez que lo acompaño, y cada vez que su fuerza interna nos sostiene a todos; porque, aunque sus piernas no se muevan como antes, su espíritu sigue recorriendo kilómetros de una valentía que apenas alcanzo a comprender.

Hoy alzo la voz por mi hermano, por los que cuidan, por los que esperan y por los que, como él, nos enseñan que la valentía no siempre se mide en pasos, sino en la voluntad de seguir adelante a pesar de todo.

Orly, recuerda siempre que el éxito no está al final del camino, sino en la forma en que lo estás recorriendo. Tu coraje para enfrentar cada día y la luz que sigues irradiando, dice a gritos que la batalla ya está ganada. Se gana con cada gesto de amor, con cada sonrisa en la calma y con esa voluntad inquebrantable que te define. Ya no le temo a la palabra cáncer, porque tú la has llenado de dignidad. 

Te amo con toda mi alma, hermanito; hoy y siempre, caminamos juntos y jamás estarás solo. 

*Profesional en Cine y Televisión. Especializada en Marketing. Poetisa. Premio Nacional Tayrona de Poesía. Columnista

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
1
+1
2
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *