yaneth giraldo ardila-- Abogada. Especializada en Derecho Administrativo. Analista. Investigadora Social. Columnista

Por: Janeth Giraldo Ardila*

El artículo primo de la Declaración Universal de Derechos Humanos nacida en Francia y que más que una referencia histórica es un norte moral que puede perderse en medio de  los juegos de poder políticos, indica que «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos». Realidad y verdad que pareciera hoy no tener asidero en el mundo, ya que cada día y cada vez más sufren estos derechos constante amenaza, debido a que, con mayor frecuencia, parece imponerse la ley del más fuerte frente a la fuerza de la ley, lo que señala una grande alarma para el futuro del orden planetario.

Tenemos que entender sí o sí que los derechos humanos, aplicados como deben ser y para todos los efectos y situaciones, y no apenas para una pocas, no son un lujo que solo podamos  permitimos en tiempos de estabilidad, sino en todo tiempo, ya que son el fundamento de toda sociedad justa. Por eso es tan importante apoyar a quienes, en todo el mundo, defienden estos derechos, a menudo en condiciones peligrosas, valentía que nos recuerda que la Declaración Universal de Derechos Humanos no es un documento obsoleto, sino una obligación diaria para todos y cada uno de nosotros como personas que somos.

Estos señalados derechos seguirán siendo efectivos si los Estados y las sociedades los defienden y desarrollan activamente, lo que amerita profundizar el diálogo sobre su protección y promoción sobre la base y convicción que son universales y lo serán siempre, en todas partes y para todos los individuos; de ahí que sean válidos los compromisos por parte de organizaciones de la sociedad civil, defensores de los derechos humanos, periodistas, comunidades todas y demás, que luchan por la justicia, la transparencia y la dignidad, al tiempo de ser conscientes de los retos a los que se enfrentan con frecuencia: la violencia, la impunidad y las amenazas que siguen siendo una realidad, razón por lo que las voces valientes a neste tenor merezcan protección, respeto y apoyo total e irrestricto .

Los países deben trabajar juntos en el fortalecimiento de las instituciones que los defienden, ya sea mediante la cooperación política, la asistencia técnica o el intercambio de buenas prácticas y centrase la cooperación cada vez más en proyectos que promueven la transparencia, el Estado de Derecho y la protección de los quienes los defienden, toda vez que su promoción y protección debe ser para el mundo un objetivo prioritario, puesto que no es un propósito que se pueda alcanzar en algún momento y luego dar por cumplido, sino defenderse, reforzarse y llenarse de vida una y otra vez, especialmente en tiempos de crisis, tensiones sociales e incertidumbres económicas. 

*Abogada. Especializada en Derecho Administrativo. Analista. Columnista

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