Por: Julián Martín Ruíz Frutos*
Verdaderamente necesita el país de cambios y transformaciones ciertas, reales, evidentes, que efectivamente definan el rumbo de nuestra nación, regiones, departamentos y municipios. Que sean los cuales todo un proceso político, económico, social, ambiental y cultural de grande envergadura- Que no surjan de forma espontánea o accidental, sino como un proceso con raíces en las realidades y necesidades- Que tenga en cuenta la organización popular desde la base social, la resistencia y la lucha permanente contra las injusticias, así como la elaboración de un proyecto de nación alternativo con un programa de gobierno que se proponga acabar con las muchas injusticias, inequidades y desigualdades: y, la defensa de una nueva moral de la política y del gobierno.
Requeridos estamos a este tenor de contar con capacidad de articulación y politización encarnada en una vocación política cierta que no conveniente y se opere en todos los sentidos legalmente para darle continuidad a todos los proyectos que a la población beneficien; de la misma manera, rediseñar varias funciones del Estado que tengan como propósito contar con mayores controles autónomos y un nuevo y más eficaz régimen de rendición de cuentas, que termine con la corrupción. Hechos con resultados en el bienestar de la gente, se mejoren los niveles de pobreza y de pobreza extrema por el bien de todos, que coloque los derechos de la gente en el centro de las decisiones, sumando y estableciendo diferentes derechos sociales y haciendo de la justa distribución de la riqueza una política pública.
Tenemos que focalizarnos con grandeza hacia cambios y transformaciones valederas que entrañen las dimensiones que efectivamente se requieren, además de nacer y contar con el apoyo popular. Llevar a sus niveles más bajos pobreza y desigualdad. Trabajar en unidad por avances conscientes, fomentar la organización desde las bases, dialogar en cada casa, impulsar una agenda que priorice a los mayormente necesitados. Convertirse y ser la alternativa que reivindique con honestidad la vida pública, la democracia, el buen gobierno y el poder de la gente y sus causas, como esfuerzos que sean parte del propósito de continuar trabajando en favor de la gente y garantizar que los gobiernos brinden mejores servicios públicos.
Es, además, seguir conquistando voluntades para sumarse a los proyectos reales de transformación social, que no renovaciones superficiales. Así mismo, priorizar la unidad y la participación popular activa en la toma de decisiones, toda vez que cambios y transformaciones verdaderas deben y tienen que estar por encima de las aspiraciones personales; la lucha por la justicia, la igualdad sustantiva y el bienestar social también por encima de cualquier deseo individual, en la verdad que lo que a la postre interesa e importa es cumplir con el sueño de un país más justo, igualitario y donde la virtud del poder esté puesto al servicio de los demás, para así avanzar y seguir avanzando.
*Abogado. Especializado en Derecho Laboral. Analista . Columnista

