Por: José Manuel Herrera Brito.
Ningún país puede desarrollase ni crecer cuando frente al esfuerzo individual hay un estado manejado desde el desgobierno y unas instituciones y justicia débiles. Un Mandatario quien no entiende que la inversión no huye del impuesto justo; sino del abuso, la incertidumbre y el miedo. El país, nuestro país, está estableciendo el peor escenario para quien quiere invertir, emprender o simplemente trabajar en paz, derroteros que al combinarse producen un efecto explosivo con reglas fiscales rígidas e inciertas; un amparo debilitado que deja al ciudadano desprotegido frente al Estado y un crimen organizado que cobra su propio impuesto mediante la extorsión, generando que el costo en materia de crecimiento económico sea cada vez más destructivo.
Se ha endurecido la política de fiscalización, más no para combatir la evasión ni la elusión de impuestos, sino para recaudar cada vez más a los mismos de siempre, lom que no es otra cosa que un enfoque recaudatorio con nuevas restricciones en materia de créditos fiscales, aumento de auditorías, rigidez en las devoluciones del IVA, y en general criterios cambiantes y discrecionales de la autoridad fiscal, que han creado un ambiente donde el inversionista opera con temor, pero sobre todo con incertidumbre, que es uno de los peores enemigos de la inversión, ya que ninguna empresa puede planear cuando las reglas fiscales cambian sin aviso, cuando la autoridad interpreta a conveniencia y cuando cualquier error administrativo puede ser tratado como delito; y más, cuando debilitado está el juicio de amparo en materia fiscal, limitadas las suspensiones, reducido el alcance de los jueces y dejando que los actos de las autoridades impositivas permanezcan firmes, lo que indica que este gobierno quiere solo contribuyentes indefensos y ciudadanos que no puedan defenderse frente a los abusos de la autoridad, desamparados y sometidos al Estado, sin manera de defenderse del ejercicio arbitrario del poder mal ejercido.
De otra parte, padecemos un crimen organizado convertido en autoridad fiscal de facto, cobrando a miles de pequeños y medianos comerciantes cuotas que funcionan como un impuesto adicional, siendo ello un costo que no puede deducirse, impugnarse y, sobre todo, evitarse; de ahí que cuando un emprendedor evalúa abrir o mantener un negocio, ya no debe calcular sólo la carga impositiva legal, sino sumar también la carga criminal, lo que no es cosa distinta que una sentencia de muerte para la inversión.
Aspectos los vistos que conforman una bomba de tiempo que puede paralizar la economía de nuestro país. en la verdad que la inversión productiva requiere certidumbre, Estado de derecho, reglas claras, y un mínimo de seguridad y estamos ofreciendo como país lo exactamente contrario; y si en ello persistimos, lo pagaremos muy claro como sostienen tratadistas en la materia, arrojando que tendremos menor inversión, empresas que dejarán de crecer, empleos que no se generarán, innovación frenada y una economía cada vez más informal y menos competitiva. saramara7@gmail.com.

