Ruben Darío Ceballos Mendoza - jurista

Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Muchos son quienes consideran que para sentar posturas hay que recurrir a la perorata altisonante, al engaño laberíntico o a la indignación preparada y no a las circunstancias concretas y a la decisiva percepción de la realidad. No hacer lo correcto deteriora las condiciones de vida, lo que a nada bueno ni edificante conduce, ya que incitan al desorden ciudadano, sin tener en cuenta que hoy la vida con sus senderos se experimenta más a través de las redes sociales y el influjo de opinadores profesionales, lo que tiene un impacto en la conciencia colectiva, ya que con la velocidad con la que circulan mensajes, narrativas inventadas y escándalos efímeros termina por deformar el sentido del entorno, comprime los matices y promueve la idea de una sociedad manipulable, susceptible a imaginarios elaborados.

Más no traduce ni significa lo dicho que toda crítica o movilización sea artificial, y en contrario sentido es preciso reconocer descontentos sociales legítimos que existen independientemente de la manipulación política o mediática, en lo que hay que tener en cuenta que la verdad, por su propia naturaleza, es rebelde, pero en un entorno en donde un medio opera como brazo político de intereses económicos, la simulación se vuelve regla, se aparenta neutralidad, pero el debate es vacío, no explica el territorio, sino que impide que el público pueda comprenderlo, lo que es un grave asunto que lleva a que se libre una disputa por el control del relato territorial, de ahí que, la discusión sobre la libertad de expresión, entendida en su forma más burguesa como privilegio de quienes poseen capital para operar medios, es una clara reacción contra la pérdida de privilegios, por lo que no es de extrañar la narrativa de censura o autoritarismo, como muchas veces vemos y de lo que testigos somos.

Por otro lado, la arboleda digital ha intensificado el fenómeno. Cada quien elige el relato que confirma sus temores, preferencias o privilegios, por ello modelar las percepciones es la misión de algunos influencers y operadores, que buscan sembrar miedo y desconfianza, circunstancia por la que la manipulación emocional suplanta a la razón, y el odio se vuelve combustible; de ahí que en este ecosistema digital se parcialicen mensajes, se personalicen ataques, se construyan realidades alternas y sea viral la difusión de la desinformación que han permitidos a distintos sectores pretender deslegitimar gobiernos y elaborar sensaciones de caos que solo existen en sus torcidas mentes.

Preocupa es la horda organizada que convierte disparates en narrativas políticas, cuando la batalla debe ser en última instancia por la realidad misma, en la certeza que la salud de una democracia depende de nuestra capacidad para cursar ese opaco espacio, reconociendo que si bien la manipulación existe, también existe el desacuerdo legítimo y la percepción subjetiva. El reto no es elegir entre uno y otro relato, sino desarrollar una capacidad crítica cierta en beneficio comunitario. 

*Jurista. Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario. Conferencista. Panelista. Columnista

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