Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
Cada día vamos de mal en peor, es frase que se escucha en todo cuanto sitio público asistimos, tal vez, entre otros muchos desaciertos, por cuanto desde el oficialismo se presentan reformas que en realidad deforman y se revisten de austeridad aparente y de real ambición de control por dentro, situaciones que a mi juicio debe invitarnos a que asumamos una tarea que no admita distracciones y de paso nos honre como ciudadanos y es poner por delante la vida cotidiana de nuestras familias, en la comprensión que interesan direccionamientos firmes, una salud que funcione, una educación acorde con los avances universales, calles seguras y economía familiar que rinda, así como otros temas que satisfagan el las demandas y querer de loa nuestros, en traducción de las reales, importantes, urgentes, prioritarias y más sentidas necesidades poblacionales.
Empezar por lo más inmediato para cada caso como es la salud. No se trata de impulsar quimeras ni buenos deseos, sino de respaldar medidas para que las personas encuentren la atención eficiente de consultas médicas, estudios profesionales y medicinas cuando las necesiten, sin peregrinar, y mucho menos suplicar. Arreglar lo básico, como es un abastecimiento estable, atención oportuna, procesos transparentes, poner especial atención en la dolorosa situación en que se encuentran una gran masa de población infantil, quienes viven con enfermedades crónicas y en mujeres que hoy enfrentan los mayores rezagos de diagnóstico y tratamiento, en la verdad que un sistema que falla en lo elemental no se soluciona con discursos baladíes ni con programas sociales cuyo fin es electoral; sino que se endereza con un presupuesto bien definido y mejor utilizado usado con compras públicas íntegras y un control ciudadano que no se negocia.
Otro aspecto clave en verdad lo constituye la seguridad, que nuestras familias gocen de tranquilidad, de paz octaviana y en consecuencia puedan salir a la calle sin miedos ni temores de ninguna clase, lo que llama a que se impulse con fortaleza en mejor forma y manera a la policías en su servicio a la comunidad, lo que de be ser clamor, toda vez que la extorsión y otros muchos delitos mayores y menores en decir de algunos, están impactando a la mayoría de las personas, ya que cuando un negocio, sea cual fuere, grande, mediano o pequeño, o una persona en rebuscándose la vida para llevar sustento a su hogar deben sufragar una cuota a los “malandros”, no sólo se vacían bolsillos, sino que se derrumban la dignidad y la esperanza de una comunidad, importando en consecuencia reales reformas con leyes serias, Ya que poco o nada importan ni sirven ruidosas alharacas si para los efectos prácticos los criminales siguen intimidando, amenazando y forzando cobros a su antojo sin nada ni nadie que los controle.
El bolsillo de la gente no puede seguir siendo la caja menor del gobierno, debiéndose revisar con rigor los impuestos que encarecen la vida diaria, de ahí la importancia de defender un presupuesto que cuide la deuda, que no hipoteque a las próximas generaciones y que ponga el dinero donde cambia la vida; esto es, en medicinas, seguridad e infraestructura que sí se usa. Vivimos una amenaza sistemática por secuestrar los contrapesos, ponerlos al servicio de los detentadores el poder, por manipular las reglas del juego y no por mejorar el quehacer democrático, sino quedarse con el marcador a su favor sin importar lo que deba hacerse en tal sentido. La invitación es a hacer lo que haya que hacer, con la ciudadanía al frente, para que las reglas del concurso democrático no se escriban desde una oficina con la mira puesta en las próximas elecciones.
La ciudadanía espera que no se siga descuadernando al país, pero que se siga señalando sí desde lo argumentativo lo que está mal, lo que peor anda y se ponga sobre la mesa soluciones concretas, en lo que aplica y ayuda denunciar cada intento por someter a los contrapesos, penas efectivas contra la extorsión y un presupuesto que se sienta en la cartera y en la tranquilidad de los hogares colombianos.
Hay que acabar de una vez por todas con las insulsas peroratas y las cortinas de humo, puesto que lo que nos debe mover de manera consciente es la granítica certeza que la política, la buena política debe servir a la gente, no servirse de ella; de ahí que con serenidad y firmeza debamos recurrir a una agenda propositiva, focalizada en lo que nos debe cambiar y transformar en positivo día tras día. Necesitamos instituciones que funcionen y una oposición que haga su trabajo con valentía, respeto a la ley y la mirada puesta en el porvenir con la frente en alto al lado de los más y nunca de quienes menoscaban la base societarias en menoscabo de la integridad nacional.
*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público. Columnista
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