Economista Omar Escobar

Por Ec. Omar Escobar.

En los consejos de ministros, el presidente Petro, se despacha contra su gabinete, pues los cuestiona como responsables del incumplimiento de su programa de Gobierno, esta vez se dirigió de manera muy controvertida en contra de un ministro en particular, el ministro de la Igualdad, Carlos Rosero. No se trata de cuestionar si Rosero fue regañado con razón o no. Incluso bajo esa perspectiva, el espacio público no es el indicado… el político corrige en privado y alaba en público.

Parece que los afectos de Petro, son menos efusivos cuando se trata de un ministro afro, de una mujer negra o de una líder indígena. Parece que lo que antes criticamos con ahínco, ahora es parte del ser, por tanto, se tolera con indulgencia a quienes siempre han detentado el poder como Benedetti.

La transformación verdadera implica revisarse uno mismo, para luego entender a los demás. La trasformación interna se observa en la propia conducta, el estilo en que se ejerce el poder, la mirada y los tonos con que se habla al otro, incluso en cómo lo desprecias. Alguien decía, “inclusión sin respeto, no es inclusión, es subordinación decorada”

Las comunidades marginadas como los afros y los indígenas, han vivido desde mucho tiempo atrás, la exclusión desde adentro, con saña y violencia. El racismo y el clasismo hace parte del ADN cultural que se ha impregnado hasta en las mentes de quienes ostentan ser la “gente de bien”. Abolir la colonialidad del poder y el clasismo institucional, ha sido el reto para los revolucionarios, pero infundidos con el poder, se creen con el derecho a corregir y señalar al diferente.

No se trata del regaño a Rosero, sino de las diferencias palpables en cuanto a lo que significa compartir el poder desde la dignidad y el respeto mutuo. La controvertida frase, «Y a mi, nadie que sea negro me va a decir…” denota un racismo muy escondido o una emocionalidad preñada en el éxtasis del poder clasista.

Es meritorio reconocer que la llegada al poder de figuras como la vicepresidenta Francia Márquez, el ministro Luis Gilberto Murillo y Carlos Rosero, ha significado el cambio de paradigmas e inicia la inclusión real de los pueblos racializados y marginados. En la historia republicana colombiana, ahora se ha visto tal nivel de pluralidad étnica, de género y de origen social en los altos cargos del Estado, no gracias al presidente, sino gracias al cambio de rumbo cultural en la mentalidad de la sociedad… por fin el ADN colonial esta agonizando. Nuestro deber es evitar rebrotes y más en figuras de alto poder.

En ese orden si el presidente, un mestizo, interpeló al ministro, un hombre negro, con un tono severo y cargado de simbolismo histórico, debería ofrecer disculpas públicas, tal cual lo hace cuando se trata de enfrentar al poder tradicional como suele decirlo en sus acalorados debates.

Tal vez es una clara muestra que las relaciones de poder en Colombia están marcadas por una herencia colonial que aún marcan nuestra conducta y comportamientos frente al otro. Por otro lado, este hecho en una precampaña, cada palabra, cada gesto y cada omisión adquiere peso estratégico y es aprovechado en su contra por sus contradictores políticos e incluso por los mismos sectores racistas… así de irónica es la vida.

La imagen muestra a Armando Benedetti, ministro del Interior, junto a Carlos Rosero, exMinistro de Igualdad y Equidad de Colombia. 

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