lisbeth barraza escorcia - lidereza social- conferencista

Por: Lisbeth Paola Barraza Escorcia*

Respecto de articular y de paso armonizar equidad de género, desarrollo y sostenibilidad, indudablemente parte de la respuesta estará en profundizar muchos esfuerzos de manera integral , en lo que importa el encuentro de esquemas adicionales de gran valía que lo impulsen y den sustento a lo cual. La humanidad está agotando todos los recursos que la tierra, no la estamos cargando refieren los más, y no será fácil que la tierra regenere esos recursos con prontitud, como lo afirma la Global Footprint Network. Es alarmante lo que viviendo estamos con el deterioro de nuestro planeta, lo que pone en evidencia la fragilidad de nuestro modelo de desarrollo, hecho que invita a preguntarnos: ¿cómo transformar nuestra forma de habitar el planeta para garantizar un futuro sano? Más allá de desarrollar tecnologías verdes, la equidad de género puede ser una palanca decisiva para construir un modelo de vida más equilibrado.

El desarrollo sostenible, se nos revela, es aquel desarrollo que compensa las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades. En esencia, busca equilibrar el crecimiento económico, el bienestar social y la preservación del medio ambiente para garantizar un futuro mejor para todos. Su definición más común se originó en el Informe Brundtland de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1987, que establece que es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas. Se soporta en tres pilares fundamentales: el económico, el social y el ambiental para lograr un requerido balance. Su concepto central es asegurar que las necesidades actuales se satisfagan sin comprometer las oportunidades de las generaciones por venir, significando ello  que las decisiones que se toman hoy deben considerar las consecuencias a largo plazo y no agotar los recursos naturales o deteriorar el medio ambiente. Es pues este desarrollo, crucial para abordar desafíos globales como el cambio climático, la pobreza, la desigualdad y la escasez de recursos. Busca en todo caso, generar equilibrio entre el crecimiento económico, el bienestar social y la conservación del medio ambiente.

Respecto de lo atinente a lo relativo al género, la Organización Internacional del Trabajo – OIT, reportó que sólo cerca del 49% de las mujeres en edad laboral participan en la fuerza laboral global, frente al 75% de los hombres, desajuste que refleja cómo las mujeres, a pesar de su inmenso potencial, siguen estando subrepresentadas en las actividades económicas. Además, un estudio publicado de la Journal of Industrial Ecology aporta un dato revelador: los hombres tienen una huella de carbono 16% mayor que las mujeres, debido principalmente a patrones de consumo ligados al uso de gasolina y carne. Mientras que las mujeres tienden a consumir productos para el hogar, la salud y ropa, aunque más lácteos. Datos estos que reflejan cómo los papeles de género influyen directamente en el comportamiento de consumo y, por ende, en el impacto ambiental. Es importante notar también que los hombres tienen, en promedio, mayor poder adquisitivo, lo que amplía aún más la distancia en términos de impacto.

Sobre la base de lo antes narrado, bueno es preguntarse: ¿Qué pasaría con el desarrollo sostenible si el otro porcentaje restante de las mujeres en edad laboral se incorporan en el mercado global o si se alcanza la paridad laboral con respecto a la de los hombres? El desarrollo sostenible se vería profundamente fortalecido. La evidencia muestra que las mujeres, especialmente en zonas rurales, son fundamentales en la producción agrícola y en el consumo responsable, pero enfrentan limitaciones en el acceso a recursos; además, una mayor participación femenina en la toma de decisiones fortalecería las políticas ambientales y sociales, elevando la calidad de los gobiernos, ya que la plena inclusión de la mujer aumenta, como lo demuestra un exhaustivo estudio de la Universidad de Boston, productividad, seguridad alimentaria y fomenta patrones de consumo más sostenibles en grados de importante significación. 

*Lideresa Social. Columnista. Conferencista.

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