JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA- Profesional en Administración y Finanzas.

Por: José Manuel Herrera Villa*

Estamos en tiempos que nadie niega, padecemos de toda una serie de algarabías políticas que tienden a alejar en mucho las soluciones de fondo, por lo que la atención a las causas debe ofrecernos un ejemplo de cómo hacer política pública para el país, en la certeza y afirmación de son las Políticas Públicas ese conjunto de actividades de las instituciones de gobierno, actuando directamente o a través de agentes, y que van dirigidas a tener una influencia determinada sobre la vida de los ciudadanos, debiendo ser consideradas como un proceso decisional que tienen en su mayoría un impacto directo en el bienestar de la población, lo mismo que ver con el acceso de las personas a bienes, servicios que consisten en reglas y acciones que tienen como objetivo resolver y dar respuestas a la multiplicidad de necesidades, intereses y preferencias de grupos y personas que integran una sociedad, que generalmente se conoce como “agregar demandas”, de forma tal que al final, las soluciones encontradas permitan que personas y grupos coexistan a pesar de sus diferencias.

En un país como el nuestro donde históricamente se ha intentado combatir la violencia y la descomposición social desde sus efectos (castigo, represión, exclusión), la estrategia de atender las causas es un viraje valiente y profundamente humanista, que partir debe de la fundamental premisa que para transformar en positivo la realidad, hay que mirar con honestidad, empatía y compromiso las raíces del problema y darle la continuidad que amerita dentro de la lógica que no se puede esperar un país en paz si no se atienden las distancias de inequidad y desigualdad que generan condiciones de vulnerabilidad para una gran porción de personas.

Atendiéndose las causas se disminuyen las distancias, más no con narrativas y discursos vacuos o programas dizque asistencialistas, sino con una intervención territorial real, cercana, cotidiana y sistemática. La visita casa por casa, el contacto directo con las personas. Lo cual  permite entender de primera mano las necesidades materiales, emocionales, familiares y comunitarias de quienes han sido invisibles para el Estado. Se impone trabajar con estadísticas reales, frías, rostros, historias y contextos concretos, específicos, enfocados en la niñez y la juventud, en el entendido que son ellos quienes viven con mayor intensidad las consecuencias del abandono institucional y quienes, con un adecuado acompañamiento pueden ser protagonistas de una transformación positiva en sus comunidades.

Virtud de dicha estrategia es su carácter integral de apoyar personas, familias y núcleo social en visión que permite intervenir en los factores que realmente definen el rumbo de una vida, como la permanencia escolar, el acceso a actividades culturales y deportivas, el fortalecimiento emocional, la creación de redes de apoyo. Es prevenir las adicciones, evitar la deserción escolar y cortar de raíz las causas sociales que pueden llevar a un joven a vincularse con el crimen organizado.

No es una estrategia improvisada, ya que se soporta en una evaluación permanente que permite corregir, ajustar y mejorar cada intervención. No es una política estática, sino un esfuerzo vivo, dinámico, comprometido con su eficacia e impacto real en la vida de las personas desde una ética del cuidado, la proximidad y la dignidad, apostar por la vida, la paz, la justicia social y como una clara muestra que sí se puede gobernar con el corazón en la gente y los pies en la tierra.

 *jomahevi@gmail.com Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoria Integral. Proyectos de Desarrollo. Columnista

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