Por: Hernando Pacific Gnecco*
Como Piero, veo al mundo pasar y pasar, repasando las noticias de los primeros días de Trump como presidente de los Estados Unidos. Los efectos, internos y globales, de sus decisiones son visibles; a todos nos afectan. Inclusive, a largo plazo, la forma en que las naciones involucradas manejen las relaciones comerciales, geopolíticas o militares definirá el futuro próximo del mundo; unos saldrán beneficiados, otros perderán. Es bastante interesante este nuevo tablero de ajedrez orbital.
¿Estas decisiones son producto de un plan organizado, un rapto de soberbia o un fallido “cañazo” de póker? Muchos consideran que Trump tuvo un error de cálculo al subestimar la respuesta de China y la reacción de sus vecinos y socios norteamericanos; en la practica implicó la ruptura de relaciones comerciales de Estados Unidos con el mundo, lo que cambia las ecuaciones globales. John Bolton, asesor de seguridad durante el primer mandato, cree que Trump es “un peligro para el mundo”. El desconcierto crece: algunos observadores internacionales consideran que Trump no distingue lo público de lo privado, lo legal de lo ilegal ni lo formal de lo informal.
Es deber de cada gobernante defender los intereses de su nación por encima de otras consideraciones; pero el incremento de los aranceles a mercancías provenientes del exterior tuvo un efecto rebote; muchos productos con sellos de USA se fabrican en el extranjero, y se encarecieron. La persecución a los inmigrantes indocumentados redujo la mano de obra barata disponible, produciéndose una escasez aguda. El resentimiento de los perseguidos se refleja en la caída de las ventas en los almacenes de cadena que despidieron a esos indocumentados y los pusieron a disposición de la “migra”. Como respuesta, los consumidores en México y Canadá dejaron de comprar artículos estadounidenses.
El enfrentamiento comercial con China tampoco salió bien; Trump olvidó que el mundo cambió radicalmente desde hace 8 años, cuando inició su primer mandato. Los orientales acusaron el durísimo golpe a Huawei y, dispuestos a enfrentar a los Estados Unidos, se prepararon acuciosamente para nuevas acciones. Su acelerado y sostenido crecimiento económico no es sorprendente; desde el fallido Gran Salto hacia adelante de Mao hasta las actuales políticas económicas de Xi Jinping (planificación estatal a largo plazo, desarrollo sectorial estratégico, innovación, calidad, apertura y control estatal, entre otras) pasando por las Cuatro Modernizaciones de Den Xiao Ping, China experimenta un crecimiento y desarrollo sin precedentes que lo ha situado en la cima industrial y económica del mundo.
Las recientes decisiones de Trump motivaron los veloces movimientos ajedrecísticos del gobierno chino por todo el planeta, buscando nuevos aliados comerciales que puedan suplir ese 15% del déficit comercial con los Estados Unidos. Además, aceleró la consolidación de los BRICS; Rusia, India y China pactan acuerdos a los que se suman varios países asiáticos, africanos y americanos, con una propuesta de comercio abierto, pago con monedas propias y, para un futuro cercano, contar con una divisa propia y un sistema de transferencia monetaria, CIPS, mucho más rápido y barato que el SWIFT, totalmente independiente.
¿Busca Trump cambiar el modelo político estadounidense? Jonathan Rauch, analista de la Universidad de Yale, cree que intenta imponer el patrimonialismo de corte medieval, caracterizado por gestionar el estado como si fuera su propiedad; al líder se le debe la lealtad que se le niega a la nación; recompensa a los amigos y castiga a los opositores. Ese sistema busca suprimir los procedimientos burocráticos bajo la creencia de que puede adquirir poder propio y estorbar al gobierno. No es el autoritarismo clásico de la Alemania nazi, de la Unión Soviética o de las dictaduras latinoamericanas.
Pero ese patrimonialismo tiene dos puntos débiles, consideran los politólogos estadounidenses Hanson y Kopstein: la incompetencia y la corrupción, en tanto buscan beneficios personales desde el estado. Por ejemplo, Trump tiene 34 condenas judiciales graves por distintos delitos civiles y penales ¿Qué sigue? La ciudadanía estadounidense siente los efectos de sus decisiones y el mundo cambia velozmente.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista
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