Por: José Manuel Herrera Brito
Necesario será siempre, en la búsqueda y procura de consolidar buenos gobiernos, una agenda orientada a soportarse de manera permanente y continua en espacios de modernización administrativa pública, proceso de cambio que busca mejorar la eficiencia y eficacia de las instituciones del sector público, para lo que incorporarse debe nuevas tecnologías, formas de organización y comportamientos, ya que su objetivo es fortalecer la función social del Estado, mejorar la capacidad de servicio del Estado, democratizar los procesos, rescatar la confianza de la comunidad, en lo que importa simplificar los procedimientos, eliminar redundancias, mejorar la coordinación entre dependencias y utilizar tecnologías de la información, entre otros aspectos y consideraciones. En su concepto más abstracto se define como un proceso de cambio a través del cual las dependencias y entidades del sector público actualizan e incorporan nuevas formas de organización, tecnologías físicas, sociales y comportamientos que les permiten alcanzar nuevos objetivos de una manera más eficaz y eficiente con la finalidad de innovar sus procesos y las formas de prestación de servicios a la ciudadanía, en ruta a transitar definitivamente hacia administraciones más modernas.
La modernización administrativa pública debe y tiene que ser una de las apuestas mayormente relevantes de todo gobierno, a efecto de mejorar sustancialmente la prestación de servicios públicos, la implementación de políticas públicas y respecto de abrir mayores espacios a la participación ciudadana; todo lo cual, con el propósito de mejorar y potenciar áreas estratégicas como seguridad pública, educación, salud, programas sociales, obras públicas, economía, medio ambiente, y todos aquellos asuntos que requieran atenderse de manera tanto importante como inmediata.
Esencial es para la ciudadanía y la comunidad generar frutos, materializar resultados favorables, hacer prevalecer la administración, en lo que es pertinente el diseño de una agenda que coadyuve a la ciencia y arte de gobernar, siendo definitivamente imprescindible contar con estructuras organizacionales y procesos administrativos muy bien diseñados, en las que las jerarquías funcionales sean congruentes con los objetivos; tener una burocracia profesional en todas las líneas en las que las competencias, conocimientos de las personas en los cargos, vía meritocracia, garanticen un buen funcionamiento; hacer uso de las tecnologías y la inteligencia artificial, así como de la mejora regulatoria, para la óptima prestación de servicios públicos; acudir a mecanismos de evaluación internos y externos para el seguimiento e implementación de políticas públicas; un desarrollo sustancial en los mecanismos de vigilancia y control interno para el cumplimiento de normas y procesos y el ejercicio adecuado del gasto público, sentido en el que son indispensables los mecanismos de transparencia para erradicar lo malo y peor; así como abrir suficientes canales de participación ciudadana en los diferentes temas antes referidos, todo ello entre lo más importante, puesto que lo deseable es que también contar se pueda con una infraestructura de trabajo adecuada y remuneraciones dignas.
En síntesis, requerida es una administración pública más competitiva, eficaz y eficiente, fuera del foco de la corrupción que garantice el respeto en todas las áreas, en el entendido que una administración moderna es y será siempre necesaria para enfrentar los retos que sean o pudieran; pero sobre todo, que tengan una clara apertura a las voces ciudadanas, mediante observatorios y comités, como canales de retroalimentación para mejorar políticas y servicios públicos con el propósito de fortalecer el sistema democrático. *saramara7@gmail.com

